Diputado
«Creo importante salir otra vez a intentar contrarrestar algunos discursos, claramente de odio, contra el colectivo migrante, y además que los sigue haciendo gente que, si caminara por Marrakech o por Bagdad, pasaría desapercibida. (Risas). Nadie le diría nada, cosa que yo creo que demuestra la mezcla, la maravillosa mezcla que somos. Nadie aquí es puro, ni siquiera son puros los capitanes de España con apellidos larguísimos que no caben en el buzón del edificio de un barrio. Pero yo creo que es mucho más fácil -ahí está la trampa- deshumanizar a algo llamado mena, que ya la gente no sabe muy bien qué es -mena ya es un objeto peligroso-, que deshumanizar algo llamado niño. Así que repitan conmigo: niño; niños; niñas; solos; solas. Porque es eso lo que ustedes están criminalizando hoy aquí. (Rumores y protestas). Calma, calma, que ya acabamos. ¿Saben que es esto? (Muestra una fotografía). Me he acordado cuando he escuchado sus intervenciones durante toda la mañana. Esto es un barco, estos son los menas de 1939. (Aplausos). Son niños españoles, concretamente tres mil niños y niñas españoles que fueron a Francia, a México y a la URSS huyendo de guerras, huyendo de la miseria; por cierto, provocada por el golpismo fascista. Eran los menas del 39. Les aseguro que es muchísimo más caro llegar en cayuco o viajar en cayuco que en crucero, porque con lo primero te juegas la vida. Nadie quiere viajar en cayuco. Nadie quiere viajar en los bajos de un camión; nadie. Y nunca hay migración del norte hacia el sur. ¿Por qué? Por algo será, ¿no? Así que les pido que dejen de ser...»
Fragmento 1 de 2 de esta intervención.