Ignacio Gil LázaroVox
Diputado
«Y siendo, pues, el Gobierno consciente de las intenciones del prófugo, no adoptó ningún tipo de medida para dar cumplimiento a la orden de detención en vigor emitida por el Tribunal Supremo. Y esta inacción, que, a juicio de este grupo, fue consciente, premeditada y pactada, permitió que el prófugo entrara en territorio nacional y no fuera detenido, viviera clandestinamente 48 horas en Barcelona y no fuera detenido, diera un mitin público y no fuera detenido, y se fugara por segunda vez de territorio nacional sin ser detenido, en esta ocasión, según él mismo ha manifestado, sentado tranquilamente en la parte de atrás de un vehículo. Por supuesto, señorías, nadie que tenga dos dedos de frente se puede creer que todo este esperpento se lo montaron en exclusiva y a su aire el señor Puigdemont y sus acólitos. Lo cierto es que esta auténtica burla a la dignidad nacional y al Estado de derecho se pudo perpetrar como consecuencia de una suma de complicidades que convergieron todas en un mismo fin: complicidad principal del Gobierno de Sánchez derivada de la dependencia que sigue teniendo de los siete votos que el prófugo tiene en esta Cámara. Por eso se apartó a la Policía Nacional y a la Guardia Civil de cualquier acción operativa previa, y no solamente eso, sino que se renunció a que de una manera efectiva fuera el Ministerio del Interior quien dirigiera ese operativo en coordinación con los Mossos d'Esquadra. Y, desde luego, hubo complicidad en los Mossos d'Esquadra: una manifiesta por incompetencia reconocida por el propio cuerpo en su informe oficial remitido al juez Llarena, cuando dicen literalmente que subestimaron la intención del prófugo de volver a huir de nuevo, y otras por esclarecer pero que son hoy por hoy vox populi entre los profesionales del cuerpo, que señalan que Puigdemont y su entorno debieron de tener un informante en la cúpula policial operativa de los Mossos de manera que les anticiparon cuál era el dispositivo previsto para su supuesta detención en los alrededores del Parlamento. Y, desde luego, hay una tercera complicidad vergonzosa y manifiesta: la de todos aquellos cargos públicos de Junts que participaron en la ceremonia de la confusión y que, con su presencia, dieron auxilio a la fuga o, dicho de otra forma, obstruyeron la acción de la justicia. Y súmese a todo esto, señorías, una serie de interrogantes que están todavía por esclarecer. ¿Cuál fue o no fue el papel del CNI en todo este asunto? ¿Por qué Televisión Española retransmitió en directo el mitin de un delincuente prófugo? ¿Quién dio esa orden?»
Fragmento 2 de 2 de esta intervención.