Jordi Salvador i DuchERC
Diputado
«Moltes gràcies. Gracias, presidenta. Buenas tardes a todos. ¿A dónde hemos llegado? Les recuerdo que están en el Gobierno. Nos encontramos ante un problema que afecta directamente al bolsillo de las clases trabajadoras. La reduflación -cada día aprendemos una palabra nueva aquí, ¿verdad?-, traducido para que nos entendamos todos y todas, es una práctica perversa con el objetivo de intentar estafar al incauto consumidor; intentarlo. Esta práctica consiste en reducir los productos, reducir su contenido mientras se mantiene el precio o incluso aumenta: pagas lo mismo por menos. Así, productos básicos como las cajas de cereales, la leche infantil, el detergente, etcétera, que son productos de consumo diario, han disminuido su medida sin que los precios se adapten a la realidad. Por ejemplo, un paquete de macarrones que hace dos días pesaba 500 gramos hoy pesa 440 o 450 gramos, pero sin bajar el precio. No solo es cosa de españoles y catalanes, es de las multinacionales -Cola Cao, pastas Gallo u otras empresas-. Lamentablemente, la picaresca está muy extendida, no es solo de un país, como algunos se creen. Es decir, nos imponen una dieta forzosa con porciones más pequeñas, pero por el mismo precio. Fuera bromas, esta situación no solo es injusta y despreciable, sino que también incrementa en casos extremos la pobreza general de centenares de miles de personas en todo el Estado. La reduflación se ha sistematizado a partir de la subida de los precios de los productos básicos de una manera inaceptable. Los perjudicados, como siempre, son las clases trabajadoras que ven cómo su poder adquisitivo se reduce todavía más. Lamentablemente, la OCU calcula que un 7 % de los productos de la cesta de la compra están afectados por la reduflación. Y es irónico que mientras se habla de prosperidad, de crecimiento económico y del tema de las grandes economías occidentales y de que el PIB sigue creciendo, las grandes multinacionales de productos básicos y distribuidoras siguen con grandes beneficios. La realidad es que los productos se hacen más pequeños y los salarios también. No solo es la reduflación, sino los salarios y otros problemas, pero este es otro más. El problema, ya digo, no es solo la reduflación, que es una injusticia, un sistema en el que las grandes empresas y el gran capital -no hablamos del tendero, hablamos de grandes empresas y del capital- se enriquecen a costa de la clase trabajadora. La inflación no causada por los trabajadores, el aumento del precio de la energía, los recortes de los servicios públicos esenciales como sanidad, educación o vivienda demuestran claramente la necesidad de un cambio de modelo económico que priorice el bienestar de la población y redistribuya la riqueza de manera más justa. Llámenle socialismo si quieren, pero de verdad, díganselo si quieren.»
Fragmento 3 de 4 de esta intervención.