Jordi Salvador i DuchERC
Diputado
«Las demandas de reducción del tiempo de trabajo a lo largo de la vida son posibles. En 1919 se consiguieron las ocho horas. Siempre hay gente en contra, siempre es imposible cualquier mejora de la clase trabajadora, pero ha sido posible gracias a la lucha de muchos. En la mayoría de los casos, una reducción de la jornada no implica una reducción de la productividad ni pone en peligro la viabilidad de las empresas, esta es la realidad. En segundo lugar, como han acreditado organismos tan poco sospechosos de revolucionarios como el Banco de España, hace años que los beneficios empresariales se disparan mientras que los sueldos no recuperan lo perdido. Esto también ha servido para que los trabajadores y las trabajadoras ganen tiempo de vida. No es admisible que en un mundo que avanza hacia la inteligencia artificial, donde la productividad ha crecido de manera exponencial, se defienda que mantener la jornada laboral sea como era hace cuarenta años o que se tengan que trabajar las mismas horas que en 1919. Se consiguió pasar a las ocho horas entonces. En un mundo que está entrando de lleno en la era de la inteligencia artificial, que vivirá en los próximos años unos cambios tecnológicos que ahora son inimaginables, tenemos que hacer todo lo posible para que los trabajadores y las trabajadoras salgan antes del trabajo, que trabajen menos días y que puedan jubilarse antes. La reducción de la jornada laboral es una política que impulsa la productividad y libera el tiempo de ocio y el cuidado personal y familiar, y ello es bueno. Nunca tenemos que perder este norte.»
Fragmento 6 de 7 de esta intervención.