Diputado
«Gracias, señora presidenta. Señorías, esta tarde les propongo un viaje en el tiempo. En 1997, una pareja que se acercaba a una inmobiliaria en Madrid se encontraba con folletos como este (muestra la copia del folleto de una inmobiliaria). En ellos había opciones realmente muy variadas. Por ejemplo, en una zona de renta media, el piso más caro, 23 millones de pesetas, era de 85 metros cuadrados, exterior, en una finca moderna, con terraza y tres dormitorios, además de dos baños. Suponiendo que en aquel hogar solamente entrara un sueldo y que ese sueldo fuera el salario medio del momento, a la pareja le llevaría siete años de renta bruta su adquisición. Los pisos anunciados en esa misma manzana actualmente superan el millón de euros, por lo que si los hijos de la pareja quisieran comprar una casa cerca de sus padres necesitarían destinar treinta y seis años de renta bruta con el salario medio de 2024, veintinueve más que sus padres. Pero vamos a ver qué más nos ofrecía el catálogo. A unas pocas calles de distancia, una opción algo más asequible, también un poco más pequeña, pendiente de reforma, 12 millones de pesetas, tres dormitorios, tres balcones a la calle. A la pareja de la que hablábamos le habría supuesto cuatro años de renta bruta en 1997. En esa calle, en la actualidad, con metros similares y una distribución también bastante pareja, los pisos cuestan alrededor de 600 000 euros, lo que implica que si sus hijos quisieran comprar necesitarían dedicar veinticuatro años de renta bruta para lograrlo, veinte más que sus padres. (Aplausos). Pero supongamos que esta pareja iba algo más asfixiada económicamente y optaba por pisos más asequibles. En la misma inmobiliaria le garantizaban que en dos o tres años podrían comprar algunos pisos que hoy llevarían entre diez y catorce.»
Fragmento 1 de 5 de esta intervención.