Jordi Salvador i DuchERC
Diputado
«Uno de los argumentos más recurrentes contra la inmigración es que los migrantes roban el trabajo a los autóctonos. Otro mantra. Esta idea es un mito. Voy a pasar a los datos, al informe del Defensor del Pueblo de 2019, y la realidad es que los extranjeros y los ciudadanos del Estado español no tenemos los mismos puestos de trabajo. Hablemos desde el principio de realidad, y es que muchas veces los inmigrantes ocupan los empleos que los españoles no desean o no están preparados para ocupar. Los inmigrantes no roban trabajo, sino que cubren necesidades. Repito, los inmigrantes no roban trabajo, cubren necesidades empresariales. ¿Qué sería del sector de la construcción, del sector de la agricultura, de la hostelería, del turismo, de la pesca o de los cuidados a los mayores sin los inmigrantes? ¿Saben qué pasaría si hubiera un día sin inmigrantes? El país quedaría totalmente parado. ¿Y saben qué pasa cuando estos emigrantes que llegan aquí huyendo dicen que no tienen papeles y estamos hablando de irregularidades administrativas? Que son vulnerables y pueden ser víctimas de explotación sexual, laboral, no pueden conseguir una cuenta bancaria... ¿Esto es humanidad? No es ya una cuestión de falta de humanidad, sino también de pragmatismo. Por eso damos apoyo y desde aquí hacemos un llamamiento a no paralizar la ILP que empezó en 2021 (aplausos), porque estamos en 2024 y hay más de 500 000 personas que trabajan aquí, que viven entre nosotros sin ningún tipo de problema y que forman parte de la economía sumergida. Lo podemos hacer por derechos humanos, pero también lo pueden hacer ustedes por pragmatismo económico. Estamos hablando de centenares de miles de personas que saldrían de la economía sumergida, que pasarían a cotizar, a ampliar la caja de nuestra Seguridad Social. Y si hay problemas, se resuelven. Si hay excepciones, se resuelven, pero nunca se criminaliza a todo un colectivo, porque dentro de un colectivo hay de todo, como aquí, dentro de esta Cámara, o en cualquier sociedad. Tenía un profesor de antropología con el que aprendí mucho, quien decía que este es un mundo desigual, que está muy mal repartido, pero hay algo que sí está muy bien repartido, y es que cada pueblo tiene su porcentaje de imbéciles y cada pueblo tiene su porcentaje de personas malignas. Ni catalanes ni españoles ni franceses ni argelinos ni marroquíes, nadie se libra, pero lo que no se puede hacer, como hacen algunos, es criminalizar a todo un colectivo basándose en esta estupidez.»
Fragmento 14 de 15 de esta intervención.