Rocío De Meer MéndezVox
Diputada
«Quiero que la gente entienda que, cuando uno está en un hospital o en una UCI y no hay nada que hacer porque no tiene cura y se va a casa sabiendo que su cuerpo va a apagarse cada día un poco más hasta el final, tiene un problema gordísimo, porque su cuerpo, que se va apagando, y sus músculos, que van fallando, necesitan que su casa sea un hospital. Y puede que ni siquiera tenga casa, y puede que tenga cinco hijos a los que alimentar, y puede que no tenga a nadie, porque más del 90 % no puede; no pueden abrirse el cuello y contratar enfermería veinticuatro horas, ni la silla, ni la cama articulada, ni el comunicador. No pueden encerrar sus vidas en un cuerpo por mil motivos distintos, pero hay uno esencial: porque este Estado tan social, tan del siglo XXI que hemos construido nunca se ha ocupado de ellos. Decía Yukio Mishima que el verdadero dolor es el que convierte la conciencia en acción, y creo que muchos de los que hoy estáis en la tribuna de invitados y muchos que estáis más arriba habéis transformado muchas cosas con todo ese dolor. Gracias a Rosa, Iñaki, Araceli, Salvador, Carlos, al abuelo de Patricia, Miguel, Águeda, Fernando, Jordi, Esther, Rocío y también a Mercedes Cabrera -?la letrada-, a los ciudadanos, que tienen mucho que decir en esta ley, y, sobre todo, de corazón, gracias a mi querida Clara. Aquí tenéis a una diputada, a un grupo al que no se lo ponen fácil muchas veces en este lugar pero que hemos dado todo lo que hemos sabido para que pudiera cambiar, aunque fuese un poquito, vuestra vida. Y me da igual quién se lleve el rédito político, quién ocupe tertulias, crónicas, cabeceras o fotos -?no puede preocuparme menos-, porque lo único que me importa no es que esta ley llegue al Boletín Oficial del Estado, que las cosas buenas que tiene esta ley lleguen a vuestras casas (aplausos), a las casas donde tanta gente no puede dormir porque se ha quedado sin sueños.»
Fragmento 2 de 4 de esta intervención.