Rafael Cofiño FernándezSumar
Diputado
«La segunda historia es una imagen de la publicidad a principios de los años setenta, que es una imagen que anuncia una benzodiazepina, un ansiolítico. Aparece una mujer rodeada de artículos de limpieza, con cara de agobiada, y el lema de la publicidad dice: No puedes liberarla, pero puedes conseguir que esté menos ansiosa. Esa publicidad actualmente no existe, pero el uso de ansiolíticos hipnóticos en nuestra población es enorme, y sobre todo se duplica en algunos casos en mujeres en diferentes tramos de edad. Y la tercera imagen es sobre empresas de nuestro entorno... (rumores). Si sus señorías tienen hambre, yo no tengo ningún problema en que vayan a merendar y podamos estar con un poquito más de silencio. (Aplausos). Y la tercera historia es sobre empresas recientes de nuestro entorno que utilizan técnicas de autoevaluación en las que los trabajadores y trabajadoras se evalúan entre ellos puntuándose, y esa puntuación sirve luego para su priorización en puestos de plantilla o incluso para la regulación de plantillas, para despidos. Esas mismas empresas los fines de semana ofrecen cursos de mindfulness a sus trabajadoras y trabajadores para disminuir la ansiedad y para la relajación. Menciono todo esto para tener en cuenta cuál debería ser nuestro enfoque en políticas de salud mental, tener en cuenta dónde vamos a poner el foco en las acciones, pese a que haya síntomas, y tener en cuenta que cuidado con hablar solo de enfermedad mental, cuando de lo que tenemos que hablar es de derechos humanos, de libertad para los esclavos, de igualdad para las mujeres o de derechos laborales para los trabajadores y trabajadoras.»
Fragmento 2 de 5 de esta intervención.