Rafael Cofiño FernándezSumar
Diputado
«Y menciono todo esto porque quizás nuestros jóvenes también quieren huir, quizás también están diagnosticados de drapetomanía; quizás hemos generado una sociedad no tan igualitaria, una sociedad con pocas utopías y demasiadas distopías y nos hemos empeñado en culpabilizar a los cuerpos y a las personas en vez de cambiar los mundos y las sociedades. Un esclavo sofisticado es una mujer joven con varias carreras; con un B1, B2, C1 o C2 en varios idiomas; que vive en una habitación compartida a ochenta y cinco paradas de autobús de su puesto de trabajo esto no es un dato real- y que la hipoteca que está pagando para un piso de mierda le consume un 60 o un 70 % de su nómina; que tiene un ocio muy limitado por su entorno urbano basado en el hiperconsumo y que ha crecido en una sociedad de hiperproductividad donde, desde la ESO, se le ha enseñado que tiene que competir con el resto de la sociedad. Es totalmente erróneo atribuirle una etiqueta de enfermedad mental cuando la enfermedad mental la tiene el mundo y no ella. (Aplausos). Por eso, nuestra política tiene que ser muy alta cuando hablamos de tecnologías y de salud mental.»
Fragmento 3 de 5 de esta intervención.