Rafael Cofiño FernándezSumar
Diputado
«Me centro en la proposición no de ley, mencionando también algún estudio de un compañero como Mariano Hernán, con alguna publicación muy interesante sobre la salud de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Primero, tenemos que saber qué impacto vamos a tener en la revolución digital, porque todas las revoluciones tecnológicas han producido un impacto en la salud y tenemos que ver qué impacto va a producir esto en la salud. Y, en relación específicamente con la PNL agradezco la PNL y el trabajo del ministerio-, hay que evitar demonizar las tecnologías. Hay que ver el vaso medio lleno o medio vacío, y hay que ver el vaso medio lleno que tienen las tecnologías. Estos estudios nos dicen que los niños y las niñas tienen una mirada mucho más positiva y ven las oportunidades de las tecnologías, mientras que los padres y las madres ven más los riesgos. Hay que equilibrar beneficios y riesgos y tener en cuenta contenidos, contactos y conductas. Es importante tener en cuenta la intensidad del contacto, antes lo decía el compañero del Grupo Socialista. Se estima que un adolescente actualmente puede consumir casi 7 gigas diarios de información, mientras que un adolescente de finales del siglo XIX consumía solamente 3,17 megas; es decir, a un adolescente del siglo XIX le llevaba casi siete meses consumir lo que a un crío diariamente, pero no hay correlación entre ese impacto y la salud mental. Hay un metaanálisis de este mismo año publicado por Ferguson donde dice que no hay correlación entre el tiempo que se pasa en redes sociales y la enfermedad mental. Teníamos un niño que se llamaba Julio Cortázar cuyos padres estaban preocupados por si tenía una enfermedad mental porque se pasaba todo el día encerrado en una habitación; en aquel momento, las pantallas se llamaban libros.»
Fragmento 4 de 5 de esta intervención.