Diputado
«Y si la izquierda da la espalda al clamor de las calles, el panorama tampoco pinta mucho más halagüeño en la otra orilla, donde parece que hay solamente dos posturas. Por una parte, la regañona, la egoísta, la cerril, la del dedo levantado: si no tienes casa, chaval, es por aquel viaje que hiciste con 21 años en Ryanair y lo que te falta, campeón, es curtirte un poquito más. Y la otra es la ideológica, el deslumbramiento con la ciudad global, la idea de que la barra libre de circulación de personas, mercancías y capitales por todo el mundo va a generar un orden mejor aquí, en nuestras ciudades, y esto de momento está saliendo digamos que regulero. El país de los pequeños propietarios es hoy el patio trasero de los ricos de todo el mundo. Cada vez hay más propietarios de Venezuela, China, Rusia o India y menos de Nou Barris, San Blas, Pajarillos o Huelin. Nuestras ciudades se han convertido en escaparates, megalópolis que son un imán para el de fuera y un repelente para el de casa. Hoy la medida del éxito para valorar cómo de bien le va a una ciudad ya no la dan el bienestar o los lazos de sus habitantes, ahora la da ver cuántas inversiones atrae, cuántos eventos acoge, cuántos estudiantes internacionales recibe, cuántos nómadas digitales deciden instalarse en ella o cómo de multiculturales son sus barrios. Y, si por el camino se disparan los precios de la vivienda, de los productos básicos, si se desplaza a los hijos de la ciudad a cientos de kilómetros, si se sustituye el pequeño comercio, si se diluye la identidad de las ciudades y se aumenta la segregación social en ellas o si los barrios son ya irreconocibles, pues, chico, son los daños colaterales de la globalización. De manera que ni el mito de la izquierda, que era el alquiler y la regulación, ni el mito de la derecha, que es la globalización, dan respuesta a las demandas de la calle o dan respuesta a las demandas del país. Al contrario, solamente nos conducen a la parálisis y solo saldremos de ella si le damos la vuelta a esto como a un calcetín.»
Fragmento 7 de 8 de esta intervención.