29N · generales · dom 29 novfaltan 26 días

Gerardo Pisarello PradosSumar

Diputado

«Gracias, presidente. Nosotros simplemente queremos decir que mantener vivas las comisiones de investigación sobre las ilegalidades cometidas por el Partido Popular es, a estas alturas, una cuestión de salud democrática. Porque si hay algo que está en el ADN de las derechas radicalizadas de este Congreso son, como hemos visto, las recurrentes guerras sucias contra sus adversarios e incluso contra miembros de sus propios partidos políticos si les resultan incómodos. Y la verdad, señorías, es que nada indica que hayan cambiado. Como estamos viendo estos días, los que practicaron la guerra sucia en el pasado no son diferentes a quienes están dispuestos a enfangarlo todo en el presente con tal de recuperar el poder. ¿Representan Díaz Ayuso y su Rasputín de Puerta del Sol una enmienda a Jorge Fernández Díaz? Sin duda, no. Fernández Díaz espiaba e instigaba a la construcción de informes policiales falsos para destrozar a adversarios; la zarina de Puerta del Sol y su Rasputín financian pseudomedios, fabrican bulos y utilizan a jueces amigos también para perseguir a adversarios. El PP de Rajoy utilizaba a ETA para todo, también para esconder su corrupción; el PP de Díaz Ayuso repite el truco con parecido descaro y con los mismos objetivos una década después. El viejo PP culpaba con falsedades a catalanes y vascos de todos los males de España; el PP de Feijóo se puede hacer un lifting, un tratamiento antiarrugas, pero suena exactamente igual. Basta escuchar a la señora Díaz Ayuso o al señor Moreno Bonilla llenándose la boca con la burguesía catalana, como si aquí no hubiera burguesía madrileña o andaluza y ellos no actuarán como si fueran sus mayordomos. Por eso, hay que mantener estas comisiones de investigación, aunque se nieguen a responder, para que no haya olvido, para que la gente del común sepa qué hicieron y qué están dispuestos a hacer para mantenerse en el poder. A la derecha de la guerra sucia, de la máquina del fango, del p'alante del Rasputín de Puerta del Sol, le encantaría que se impusiera aquí un hastío que desmovilizara a la gente decente y que extendiera la idea de que todos son iguales, porque es la única manera que tienen de volver al poder, pero sería imperdonable permitirlo. Por eso, acertaba ese cordobés honrado, que era Julio Anguita, cuando sostenía que el objetivo de andaluces y extremeños no podía ser entrar en insidias con vascos o con catalanes, sino meterse con la casta y con los señoritos que le robaban su dinero. (Aplausos). Y de eso se trata, de lo que un inolvidable mes de octubre, como este, de 1934 nos advirtió el pueblo asturiano, de que a esos señoritos les sobraba la democracia y que estaban dispuestos a espiar, a generar bulos, a acusar sin pruebas y a recurrir al mismísimo fascismo si hacía falta para recuperar el poder. Por eso, precisamente aquellas mujeres y aquellos hombres humildes de Mieres, de Gijón, de La Falguera pidieron a sus compañeros de toda España que no se dejaran engañar, y lanzaron un grito que hoy a nosotros y a nosotras todavía nos resuena en el corazón: Uníos Hermanos Proletarios. (Aplausos). Poco después, el president de la Generalitat de Catalunya, Lluís Companys, también respondió a ese llamado, convocando a la unión fraternal de todos los pueblos hispánicos que luchaban por la libertad y la legalidad republicana contra el odio de las derechas radicalizadas. Aquel llamado debe ser actualizado, pero no aquí, en la calle. Es lo que ya está haciendo el digno pueblo de Madrid movilizado por la sanidad pública, por el derecho a la vivienda y contra el rentismo corrupto de Díaz Ayuso y de su Rasputín barbado. Y es también lo que están haciendo el pueblo valenciano y el pueblo canario, gritando con voz de trueno que no quieren que sus ciudades sean puestas en venta. Por ellos y ellas, que se siga investigando. Por quienes saben que los señoritos de hoy son los mismos de ayer, que se siga investigando. Por los que tienen claro que esta casta corrompida está dispuesta a todo, como arengaba Aznar o como nos recuerda Miguel Tellado cada día, que se siga investigando; para que no haya olvido, para que caigan sus máscaras y para que sus espías, sus bulos y sus guerras sucias no vuelvan nunca más. (Aplausos).»

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