José María Figaredo Álvarez-SalaVox
Diputado
«Todo esto estaría bien si de repente los españoles no pagasen absolutamente nada por Renfe, que es lo que usted pretende hacernos creer. Desde que su Gobierno está en el poder lo que han hecho ha sido dedicarse a regalar bonos de transporte como si, efectivamente, el transporte público no costase nada, pero lo cierto es que no, porque Renfe nos cuesta a los españoles, en subvenciones directas, 1500 millones de euros al año en los últimos presupuestos; esto es además de los precios públicos que perciben por la explotación de aquellas líneas que se consideran necesarias. Para que quienes nos escuchan en sus casas lo entiendan, cuando Renfe explota una línea que se considera fundamental, cobra un precio a los viajeros, pero, además, cobra un precio público. Eso no son subvenciones. Renfe recibe una gran cantidad en precios públicos, pero, además, recibe 1500 millones de euros al año en subvenciones directas, por si fuese poco. En esta situación, las grandes infraestructuras ferroviarias de España están absolutamente abandonadas; ni están ni se les espera. Llevan ustedes en el Gobierno desde el año 2018 y las cosas están totalmente paradas. El corredor del Mediterráneo -esa línea ferroviaria que pretendía conectar el puerto de Algeciras con Europa por toda la costa mediterránea y, por lo tanto, servir como conexión para las mercancías que llegaban por barco hasta España con el resto de Europa- sigue paralizado. Lleva veinticinco años de retraso y nadie dice nada; el ministro estrella, tampoco. El corredor atlántico, una infraestructura que lleva planeada desde hace décadas y que pretendía conectar todas las regiones de la cornisa norte de España y sus puertos con Portugal y Francia, también está absolutamente abandonada. Incluso las infraestructuras que recientemente se han inaugurado se están demostrando como absolutamente insatisfactorias. Sin ir más lejos el tren, supuestamente rápido, a Asturias, mi región: prometían ustedes que llegaría un tren de alta velocidad a Oviedo; no llega a Oviedo, se queda a la mitad; por supuesto, no llega a Gijón, y unos retrasos tremendos. Recuerden el tren a Badajoz, la eterna promesa.»
Fragmento 3 de 5 de esta intervención.