Aina Vidal SáezSumar
Diputada
«Defender el derecho al aborto debería ser algo lejano y anacrónico incluso, y debería serlo si se respetaran básicamente los derechos de las mujeres de forma integral. Porque hablamos de autonomía, de no ser infantilizadas ni tutorizadas, de ser reconocidas como seres humanos maduros y con capacidad de raciocinio y elección. Pero, desgraciadamente, es de rabiosa actualidad, y no solo por los objetores o los ultras, sino también por los países que amenazan en retroceder en este derecho. De hecho, hay países tan cercanos, como Andorra, que lo prohíben en todas sus circunstancias; y también en Honduras o en el Vaticano. No debe ser casualidad pues ese lema feminista que grita 'Fuera los rosarios de nuestros ovarios'. Su supresión provoca la violación de múltiples derechos, como el derecho a la propia vida, a la salud, a la intimidad, a la autonomía y a no sufrir violencia ni discriminación. No es solo un derecho relacionado con la salud. Garantizar este derecho es crucial para eliminar además las desigualdades que padecen muchas mujeres, especialmente aquellas que viven en situación de exclusión social, marginación o discriminación, porque, por muy católica que sea la clínica, si hay dinero, el aborto se hace. Esto es una realidad.»
Fragmento 1 de 4 de esta intervención.