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29N · faltan 25 días

Francisco Sierra CaballeroSumar

Diputado

«Decía Julio Anguita, al hablar del reto de la disyuntiva que enfrentamos en este momento histórico -parafraseando a Rosa Luxemburgo-, que es tiempo de elegir la bolsa o la vida, la cotización y los márgenes de ganancia de las eléctricas o la gente. Es falsa la dicotomía economía o democracia, lo sabemos muy bien, la historia así lo demuestra, pero, mientras, los poderes públicos no actúan y los barrios vulnerables entran en una espiral de deterioro imparable convirtiéndose en espacio de segregación espacial, de inseguridad, espacios de nuda vida. Repito, por si no han escuchado esta idea básica: barrios de nuda vida. Para ser sostenible la ciudad requiere cohesión social e integración entre sus partes. La mejora de la calidad de vida y la protección del medio ambiente desde las áreas centrales a las periferias marginales son claves para fomentar el sentido de pertenencia, retener la población residente y atraer a nuevos actores, pero también, evidentemente, para garantizar la convivencia. El sociólogo Scott Lash hace muchos años analizó las consecuencias de la globalización, y señalaba que tendía a estructurar dos tipos de territorios: los territorios vivos, aquellos que tienen infraestructuras, conectividad, flujos, intercambios y movimiento, y aquellos otros marginados, que son territorios muertos, desconectados, aislados, sin servicios públicos, en los que la vida no vale nada y la gente se muere por no tener red ni redes públicas ni siquiera acceso a servicios públicos para la vida. Toda política que aspire a instituir relaciones justas, fraternas y solidarias debe socavar la autonomía del capital. Dicho claro, directo y pronto: sin limitaciones legales -y esta es la función de esta Cámara-, la libertad de mercado que cerca las libertades públicas e individuales y que, además, se contrapone a los derechos de la multitud garantizando los de la casta no garantiza los derechos humanos. Los vecinos de los barrios empiezan a perder lo único que les queda -no la dignidad, que nunca la perdieron-, empiezan a perder la esperanza justamente frente a operadores económicos que incumplen recurrentemente sus obligaciones de manera sistemática.»

Fragmento 2 de 4 de esta intervención.

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