Diputado
«Señorías, Pedro Sánchez no dirige un Gobierno, Pedro Sánchez dirige una macrorred de corrupción, una macrorred de corrupción política, económica y moral, y desde hace tiempo hace uso de todas las instituciones del Estado sin ningún tipo de límite para eludir la acción de la justicia; en eso está verdaderamente ocupado. Pero esto ya lo sabíamos, lo que no sabíamos era el grado de crueldad y de sadismo del que era capaz: solo los tiranos muy crueles y muy sádicos son capaces de perseguir con policías y fiscales a sus propias víctimas, a gente que lo ha perdido todo, a gente abandonada en el barro y en la oscuridad durante días, a gente que ha estado rescatando a sus vecinos, a veces ya cadáveres, a gente que se comportó de manera heroica, a esa gente, solo porque no soportaron la chulería de Sánchez al pasearse por allí, les han mandado detener y perseguir como a criminales (aplausos), pero, por Dios, si la primera orden personalísima de envío de policías que dio Pedro Sánchez fue para detener a la gente. ¿Qué crueldad es necesaria para eso? ¿Cómo es posible llegar a ese extremo? Pues es posible porque Pedro Sánchez está profundamente enamorado, cómo él decía, pero está profundamente enamorado de sí mismo, enamorado de su persona, hasta límites enfermizos que se atreve a exigir aplausos a sus propias víctimas, y sin duda esa pasión le da una fuerza considerable para resistir, pero, créanme, ese amor desmedido por uno mismo solo lleva al desengaño y, en última instancia, a lo único a lo que él teme: el ridículo.»
Fragmento 2 de 7 de esta intervención.