Diputado
«Veinticinco años después -he puesto un ejemplo solo medio simpático; se me entiende, ¿no?-, ¿cuáles son las principales diferencias? Las principales diferencias son que ya no solamente estamos hablando de un bulo o de una mentira, sino que almorzamos, comemos, cenamos mentiras, bulos, que ya no hacen tanta gracia. Pero sobre todo hay una similitud: que aún hay gente que dice que son ciertas, que dice que son ciertos los bulos; y también, sobre todo, que ya no solamente se ven o 'supuestamente' se ven en la tele, en un programa de prime time, sino que sobre todo se ven en un móvil, en una red social y en canales de Telegram, con miles de personas que aseguran que aquello es cierto. La diferencia principal es que hay muchísima gente que, aun sabiendo que son mentira, se los quieren creer; se los quieren creer. Porque hoy, señorías, hay algo aún más poderoso que la verdad, y es el sentimiento; aún hay algo más poderoso que la certeza o los datos, y son las ganas de creértelo. Esa es la diferencia.»
Fragmento 3 de 9 de esta intervención.