Juan José Aizcorbe TorraVox
Diputado
«La exposición de motivos de la proposición original declara que la Ley de Memoria Democrática impulsa un proceso de memoria como componente esencial de la configuración y desarrollo de una sociedad avanzada como la española, es decir, hace un reconocimiento expreso de que dicha Ley de Memoria Democrática es la norma central de todo un programa político y legislativo que, a su vez, está notoriamente inspirado por tendencias ideológicas muy determinadas, perfectamente identificadas, que beben del recipiente del odio y del rencor. De hecho, la propia formulación de esta proposición de ley deriva directamente de una previsión contenida en una disposición adicional de la Ley de Memoria Democrática, y así lo hace constar explícitamente la propia iniciativa. En consecuencia, es coherente que nuestra enmienda a la totalidad con texto alternativo consista en la propuesta de una ley que modifique el ordenamiento jurídico en el sentido de terminar con las políticas oficiales de memoria democrática de carácter ideológico y sectario. (Aplausos). Como bien dijo el polémico cronista y escritor -citando a Borges-: 'El pasado es indestructible, pues tarde o temprano vuelven todas las cosas', y una de las cosas que vuelve es el intento de abolir el pasado, que en estas últimas décadas estamos sufriendo en España entre el fanatismo de unos y el silencio timorato de otros, un ensayo especialmente perverso de prohibir el pasado, que no ha consistido tan solo en negarlo, no, ni siquiera en interpretarlo a satisfacción de parte, tampoco, sino en reinventarlo. Con ello, el pasado se convierte en un arma política contra el adversario y en una llamada al resentimiento para destruir la concordia social. Dicha herramienta de conversión inmoral de conciencias y recuerdos de niños a adultos inició su camino en el BOE con la conocida ley de memoria histórica primigenia, de la que pedimos ahora su derogación, promoviendo una lectura de la contienda española con una suerte de buenos, buenísimos y malísimos; con una ensoñación de un bucólico e imaginario paraíso republicano inexistente donde campaba una democracia plena y una patulea de militares fascistas que lo destruyeron a sangre y fuego. Tal reinvención ha sido impune, incorporada al imaginario colectivo mediante la inyección pedagógica, la propaganda mediática cómplice y temerosa de que se la señale como heredera del franquismo cuando este finalizó incluso antes del 20 de noviembre de 1975. Y, como suele ocurrir con la mentira, no se ha resignado con establecer a título de versión discutiblemente aceptada, sino que ha tratado de imponerse como única e inatacable; ley que pudo ser derogada por el Partido Popular cuando tuvo mayoría absoluta y la mantuvo. También en las autonomías no ha tenido la sensatez o, quizá, sí ha tenido la cobardía de custodiar las propias, temerosos del qué dirán. (Aplausos). Así fue como se promulgó y amamantó la llamada ley de memoria histórica, que viene a culminar su obra con la Ley de Memoria Democrática, cuya derogación pedimos, dando sanción legal a una operación de revisionismo histórico que eleva la reinvención ideológica del pasado a la categoría de dogma de fe. ¿Fascismo contra democracia? No, la cuestión no es tan sencilla, y el fascismo puro y la democracia pura alientan a los dos adversarios. La división tan sencilla como falaz hecha por el Gobierno del Frente Popular entre fascistas y demócratas para estimular al pueblo, no se corresponde con la verdad. 'La heterogénea composición de los grupos que constituyen cada uno de los bandos demuestra que hay al menos tantos elementos liberales entre los alzados como antidemócratas en el bando gubernamental'. No son palabras mías, señorías. Vuestras señorías sabéis que son palabras de Clara Campoamor, quien gracias a su coraje introdujo el voto femenino en España. Ley de Memoria Democrática, norma absolutamente totalitaria, impropia de cualquier democracia, incluso muchas dictaduras no se han atrevido a dictar leyes de memoria intentando condicionar la libertad de pensamiento, la libertad de conciencia, la libertad de expresión, la libertad de cátedra, la libertad de fundación y la libertad de asociación, que es exactamente lo que ataca de manera masiva este Gobierno y, concretamente, en esa proposición de ley el Grupo Socialista junto con sus cómplices de investidura, ahora ya también compañeros del gran saqueo; ley que atenta contra la concordia nacional, que escupe el abrazo que el pueblo español se dio hace décadas sellando posterior y formalmente la Transición.»
Fragmento 2 de 4 de esta intervención.