Lourdes Méndez MonasterioVox
Diputada
«¿Acaso, señorías, ustedes pueden evitar que una persona mayor que esté maltratada en su casa no sea coaccionada para pedir la muerte? Cuán perverso, señorías, puede llegar a ser. No sé cuántos de ustedes son médicos o enfermeros, pero la verdad es que a mí me daría verdadero horror caer en sus manos cuando mi salud decaiga o mi mente pueda enfermar; me daría verdadero horror. Hemos sido creados libres y con una dignidad intrínseca que todo Estado debe reconocer. Ustedes, sin embargo, piensan que es el Estado todopoderoso el que tiene la capacidad de decidir quién debe vivir y quién debe morir; eso sí, bajo el señuelo de la libertad. Absolutamente despreciable. Sus derechos, señorías, son contraderechos y nos llevan sin duda a una pendiente resbaladiza en la que la vida no vale nada. Nuestra visión antropológica del hombre es muy diferente, ¡claro que es muy diferente! Descansa en el respeto a la persona por tener una dignidad intrínseca, ser única e irremplazable. Existe un orden natural del ser que si no se respeta nos lleva al suicidio colectivo. Hay una ley impresa en el corazón del hombre que le lleva a querer vivir, y todo lo demás es mentira, y esto ustedes no lo pueden cambiar.»
Fragmento 2 de 3 de esta intervención.