Gala Pin FerrandoSumar
Diputada
«La cuestión es que esto atraviesa nuestras vidas y configura nuestras ciudades. Yo iba a buscar en los medios de comunicación testimonios de personas que tienen dificultades para pagar la vivienda o que han sido desahuciadas, pero luego he pensado que es mejor hablar desde mi propia experiencia. Recuerdo perfectamente a mi vecino Juan, de casi 70 años, que ingresaba una pensión mínima y que estuvo dos meses viviendo y durmiendo en el suelo, en plena ola de frío en Barcelona, porque el ayuntamiento se había llevado sus muebles a la espera de encontrarle una vivienda donde realojarse, que no encontró hasta muchos meses después de su desahucio. Además, Juan se había gastado 200 euros -que para él eran una fortuna- en pintar la vivienda para asegurarse de que le devolvían la fianza. Pienso también en Blanca, una vecina de casi 80 años del Barrio Gótico de Barcelona, que durante más de cincuenta años había estado viviendo en un piso del que fue desahuciada porque la propiedad encontró un resquicio legal por el cual, por el impago de 80 euros por parte de Blanca, consiguió desahuciarla. También me acuerdo de Rita embarazada y Siphlu sufriendo acoso inmobiliario en su casa mientras una empresa carroñera les cortaba la luz, hacía obras en la escalera y los amenazaba. Igualmente pienso en jóvenes creadores como Vignesh Melwani, que ha tenido que estar durante meses acogido en casas de amigos porque no encontraba una habitación en Barcelona.»
Fragmento 5 de 10 de esta intervención.