Cayetana Álvarez de Toledo Peralta-RamosPP
Diputada
«Ha pasado un año de su nombramiento como ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes y estamos en el último pleno de 2024, es buen momento para hacer balance. Primer hito contra la alternancia: la amnistía. Un año después del pacto PSOE-Junts, el señor Bolaños sigue sin citar un solo precedente de un político que haya borrado los delitos de otros políticos a cambio del poder, es decir, de una amnistía con ánimo de lucro, porque no existe, claro. (Aplausos). Y un año después el señor Bolaños sigue sin explicar cómo una medida que el señor Sánchez había tachado en octubre de 2022 de estar claramente fuera del ordenamiento constitucional español, de pronto se convirtió en impecablemente constitucional. De ilegal a legal con la misma ley vigente, de la noche a la mañana, literalmente. Es el milagro del 23 de julio, el fruto de la conjunción estelar entre los siete votos de un prófugo y la codicia oceánica de un hombre sin escrúpulos; lo que Torcuato Fernández-Miranda habría llamado una maniobra torticera. ¿Y qué dice de esto el ministro gutural? Ultra ultra. Bueno, y algo más: Me felicito a mí mismo. Sus señorías se acordarán -cómo olvidarlo- de cuando se plantó en el patio del Congreso y proclamó: La amnistía será un referente mundial y marcará historia. Qué farsa y, sobre todo, qué farsa fracasada. Ya es Navidad en Waterloo y la amnistía sigue sin aplicarse. El prófugo volvió a Barcelona, sí, pero para una charlotada estival: ja sóc aquí, ja no sóc aquí; un Houdini jodido. (Aplausos). Sí, señorías, creíamos que los señores Bolaños y Boye, un presunto ministro de Justicia y un secuestrador condenado, habían redactado la ley de amnistía a cuatro manos, pero resulta que la redactaron a cuatro pies: no cubre la malversación y, por tanto, tampoco a Puigdemont. Así lo ha dicho el Supremo en dos resoluciones contundentes, así lo avalará con toda probabilidad la sala de Apelaciones y -ojo- así lo confirmará también -yo estoy democráticamente convencida- el Tribunal Constitucional, porque el Estado de derecho español existe y funciona -ya se lo dijimos, pierdan toda esperanza- y porque el señor Conde-Pumpido no querrá retirarse con el baldón de Boye y Bolaños en su toga. Su chapuza: salvarle a él.»
Fragmento 3 de 6 de esta intervención.