Cayetana Álvarez de Toledo Peralta-RamosPP
Diputada
«Tercer hito: el ataque a los contrapesos democráticos. No voy a detenerme en el olímpico desprecio del ministro al Parlamento: el veto sistemático a las iniciativas del Grupo Popular, el impúdico abuso del decreto ley y el desaire al Senado. Su demonización gultural de la discrepancia: Ultra ultra. Que el señor Bolaños sea ministro de Relaciones con las Cortes es un sarcasmo. Tampoco ahondaré en sus ataques al pluralismo informativo y la libertad de prensa. En septiembre presentó un portentoso plan de acción por la democracia, entre cuyos objetivos no solo figuraba -oigan bien- mejorar la rendición de cuentas y la calidad de la conversación pública, sino también asegurar el pluralismo y la independencia de los medios de comunicación públicos. Un mes después colocó a su jefa de prensa como consejera de Radiotelevisión Española. En lo que sí voy a detenerme es en su particular relación con la justicia. ¿Recuerdan cuando el señor Bolaños se comprometía a defender a los jueces de los ataques de sus socios, cuando clamaba -cito literalmente-: Me parece intolerable cualquier acusación o señalamiento, venga de donde venga, y cuando se justificó cabizbajo ante el Tribunal Supremo: Yo no estaba en el Congreso el día en que Nogueras os llamó indecentes desde la tribuna; no volverá a ocurrir? Seis meses después, los ataques los lidera él. La hipocresía es la marca de la casa socialista. En realidad, el mayor bulo que circula en España es que el señor Bolaños haya sido alguna vez ministro de Justicia. Aceptó incluir la acusación de lawfare en el pacto con Puigdemont para la investidura. En verano se lanzó a por el juez Peinado con nombre y apellidos y groseras acusaciones y todo el coro ministerial detrás, hasta que los tribunales lo dejaron en evidencia. Y ahora está a punto, pero a punto, de acusar al Supremo de prevaricación. A ver si hoy lo hace abiertamente, a ver si se atreve, como sus socios, como sus colegas de bancada, como su jefe. La frase del señor Sánchez sobre las cartas marcadas, es decir, su acusación a la justicia de actuar en connivencia delictiva con el Partido Popular, es un salto cualitativo en la deriva antidemocrática del Gobierno. Evoca las leyes de transitoriedad jurídica aprobadas por Puigdemont en septiembre de 2017, responde al mismo estímulo populista y autoritario. No es solo que el Gobierno necesite someter a la justicia -evidentemente la supervivencia de Sánchez depende de la impunidad de sus socios, de la de su mujer, de la de su entorno, de la suya-, es que ahora encima cree que le conviene. Sánchez busca enfrentar al pueblo con los jueces. Busca enfrentar a la democracia con la ley, como si pudiera haber democracia sin ley, como si el Estado de derecho pudiera someterse a plebiscito, y no, señorías, la democracia no se vota. (Aplausos).»
Fragmento 5 de 6 de esta intervención.