29N · generales · dom 29 novfaltan 26 días

Rocío De Meer MéndezVox

Diputada

«¿Y qué maneras hay de afrontar el invierno demográfico? Una primera opción es decir: no pasa nada, vamos a dejar que la realidad siga su curso, mejor que los españoles no tengan hijos porque los hijos contaminan, ¿no? Conocerá usted el estudio de Nicholas y Wynes, publicado en una revista científica en el año 2017, que decían que tener un hijo en un país desarrollado genera un impacto de 58,6 toneladas de CO2 al año. (Aplausos). Por eso se inician, precisamente, tantos movimientos antinatalistas para salvar el planeta. Tenemos que ser menos porque así todo irá mejor. La segunda opción es: vamos a traer a los hijos de otros. Nuestra sociedad está cansada -como dijo Sánchez, los españoles no tienen hijos porque no quieren, no porque ustedes no se lo faciliten- y entonces vamos a traer, porque nuestra economía necesita ese vigor, a los hijos de otros, a los hijos de otros países con los que no compartimos prácticamente nada. Son sus políticas de inmigración masiva y descontrolada. Y hay una tercera opción, que es hacer políticas de natalidad, dejar que los españoles tengan los hijos que quieran. Según el último estudio de fecundidad, natalidad y familia del CIS, se describe que los españoles sí quieren tener hijos, pero ni la economía les deja ni el acceso a la vivienda les deja ni ustedes les dejan con su bombardeo constante de políticas que generan pobreza. (Aplausos). Señorías, solo la tercera opción nos salva, porque sí, pensamos que hay algo que salvar. Quizá usted no. Quizá a usted le da igual y piensa que nuestra identidad no existe o que es una ficción o que es intercambiable con cualquier otra identidad, pero lo cierto es que da igual lo que usted crea porque es algo que a usted le trasciende. Le trasciende a usted, me trasciende a mí y le trasciende a esta Cámara y es lo que somos, nuestra identidad, que siempre fue un oasis y un foco de luz para el resto del mundo. La pregunta es: ¿podemos salvarla? Quizá sí; al menos valdrá la pena intentarlo en este escenario. ¿Y cómo podemos salvarla? Una de las primeras opciones, y quizá uno de los nervios con los que podemos salvarla, es precisamente salvando la comunidad más libre que tenemos: la familia, una estructura que se le escapa al Estado. El Estado, con su Gobierno, no quiere familias, quiere individuos. (Aplausos). Quiere minorías frágiles y maleables y la familia es la primera comunidad creadora de resistencia frente a los que mandan. Y, sobre todo, para salvar lo que somos, para salvar esa comunidad elemental, hay que salvar lo más poderoso que existe en la tierra: las madres. No hay, no existe, nadie ha inventado nada más poderoso que un parto. Y digo que hay que salvarlas porque sí, las madres, señora ministra, están desapareciendo.»

Fragmento 2 de 4 de esta intervención.

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