Ignacio Gil LázaroVox
Diputado
«Muchas gracias, señora presidenta. Señorías, Ceuta y Melilla son ciudades tan inequívocamente españolas como lo son Cuenca, Jaén, Barcelona o Bilbao. Sin embargo, Marruecos lleva años trabajando para apropiarse de ellas; una estrategia marroquí que, en los últimos años, se ha visto favorecida por la actitud de debilidad y sumisión del Gobierno de Sánchez a los intereses del autócrata Mohamed VI. Esa sumisión, además, se ha hecho especialmente sensible y evidente a partir de saberse que había sido espiado el teléfono móvil del presidente del Gobierno y de alguno de sus ministros. Y, de ahí, sucesos y evidencias tales como el giro sorpresivo en la cuestión del Sáhara, la política de migración del Gobierno de España o la financiación pública española a intereses de Marruecos en su territorio, en concreto, notables inversiones en materia de seguridad, defensa y regadíos que benefician a esos intereses de Marruecos en su propio territorio. La permisividad que el Gobierno de España está teniendo en todos los ámbitos en relación con los productos agrícolas marroquíes o en cuestiones de pesca son -como digo- aspectos que vienen acreditando esa cesión inexplicable y esa sumisión de los intereses estratégicos de España por parte del Gobierno de Sánchez a las conveniencias de Marruecos. Desde luego, para cumplir esas pretensiones anexionistas sobre Ceuta y Melilla, Marruecos ha estado utilizando diversas estrategias que van desde la presión migratoria masiva sobre ambas ciudades hasta el intento de asfixiarlas económicamente con el cierre de las aduanas, la apertura de la nueva aduana con Marruecos o el llamado régimen aduanero de viajeros. Y todo ello, con el fin evidente de acabar con la prosperidad de Ceuta y Melilla, dañar su tejido empresarial y fomentar la competencia desleal al otro lado de la frontera.»
Fragmento 1 de 3 de esta intervención.