29N · generales · dom 29 novfaltan 26 días

Esther Gil de Reboleño LastortresSumar

Diputada

«Buenas tardes, señorías. Hoy hemos tenido la suerte y el privilegio de tener una sesión muy andaluza. Se ha oído muchísimo el acento andaluz. Quiero empezar felicitando a mis compañeras andaluzas, Esperanza e Inma, por ese tesón y ese esfuerzo que han tenido para traer la reforma de la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público en favor de las personas con discapacidad. (Aplausos). Una vez dicho esto, hoy les voy a invitar a hacer un ejercicio de imaginación a todos nuestros diputados -cuando digo diputados me refiero a los chicos- para que cierren los ojos y piensen en una mujer de 50 años. A las diputadas aquí presentes no nos costará trabajo porque la edad media de todas las que estamos aquí ronda los 49,3 años. En este caso también podría hablar incluso en nombre propio por mi edad y por la etapa vital por la que estoy pasando ahora mismo. Piensen en mujeres trabajadoras que cuidan a sus hijos e hijas, a sus mayores o incluso a ambos. Mujeres que se levantan temprano y que se acuestan tarde no por placer, sino por responsabilidad. Ahora imaginen que de repente su cuerpo empieza a cambiar. Las noches se vuelven un reto contra el insomnio; los sofocos se convierten en una lucha diaria; los cambios de humor afectan a sus relaciones; el dolor limita su actividad o su deseo sexual disminuye. Sin embargo, nadie les ha explicado por qué. Esto, señorías, se llama menopausia y es un proceso natural que, a pesar de afectar a la mitad de la población, sigue siendo un tabú. Sigue siendo un tabú porque no se habla de ello en casa, en el trabajo o en los medios de comunicación, y cuando se hace es desde el desconocimiento o el estigma. La menopausia no es una enfermedad, es una etapa de la vida (aplausos) y, como tal, debe ser comprendida, visibilizada y atendida por todos los ámbitos, no solo por la medicina.»

Fragmento 1 de 3 de esta intervención.

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