Diputado
«Muchas gracias, presidenta. Está bien, señor presidente, pero pareciera que está de moda, para resumirlo mucho, ser facha o ser antiwoke, porque ahora todos y todas somos wokes. Y no es tan fácil; el otro día, yo busqué en redes y encontré un listado. Decir 'todas' es woke; la emergencia climática es woke; la igualdad entre hombres y mujeres es woke; los derechos de las mujeres son woke; ser gay, trans y lesbiana es woke; ser hombre blanco y heterosexual, no, ¿eh? Pero Europa es woke; La 1 es woke; los sindicatos son woke; pagar impuestos es woke; un hospital es woke -la Quirón, no-; criticar a Franco es woke -ser franquista, no-; vacunarse es woke; una bici es woke; una plaza con sombra es woke; Disney es woke; Frozen es woke. ¡Ah!, y no saludar como un nazi -o como un romano, perdón- es woke. En definitiva, no ser un puñetero facha es woke, parece. (Aplausos). Entonces, ¿qué hacemos frente a esto, señor presidente? Yo le propongo tres cosas. La primera es tener un plan y no actuar como una ambulancia, a emergencias, como a veces actúan ustedes. Así que le propongo, porque desde aquí se vierte todo el odio que estamos viendo -aquí gente como Trump, como Milei, como Meloni o como Abascal son terriblemente poderosos-, le propongo, digo, propulsar, promover desde Europa una red social alternativa de participación pública. (Risas). Se ríen. Es bueno.»
Fragmento 1 de 2 de esta intervención.