Diputado
«Y, claro, sin vivienda social, si la empresa pública de vivienda es un camelo, si no se construye, si no se rehabilita, si no se aumenta edificabilidad ni altura ni densidad, pues se van acabando las balas. Pero, bueno, confiemos. Ustedes son unos entusiastas del alquiler, así que cabe pensar que tienen el asunto bastante bajo control, que saben cómo hacer que la gente consiga tener un alquiler asumible, asequible y duradero. Lo cierto es que llevan cinco años tocando todas las teclas posibles de la intervención en el mercado: prórrogas forzosas y extraordinarias de los contratos; congelación de la actualización de rentas; tolerancia con la ocupación; permisividad de la morosidad arrendaticia; controles de precios; laberintos para poder recuperar la posesión; traslado de la responsabilidad al particular, al que se le dice 'ahí te apañes', mientras el Estado se lava las manos y no cumple con el artículo 47 de la Constitución, que le mandata a él y no al particular. En definitiva, hay toda una serie de políticas y regulaciones aparentemente muy bien intencionadas, que suenan muy bien en los oídos, pero que saben muy mal en el paladar. ¿La política se mide por intenciones? No, lo cierto es que se mide por resultados, y con todas estas políticas ha pasado exactamente lo que ya sabíamos que iba a pasar, lo que ya ha pasado en todos los lugares donde se han tomado estas medidas: el desplome de la oferta de larga duración. En Barcelona, un 75 % menos; en Madrid, un 50 % menos; en España, 40 % menos. Hay un millón de casas menos y en el mismo periodo de tiempo han entrado en España tres millones de personas. Un millón menos, tres millones más: a lo mejor estamos generando un pequeño problemita con el tema de la oferta. (Aplausos).»
Fragmento 8 de 10 de esta intervención.