Alberto Ibáñez MezquitaSumar
Diputado
«Moltes gràcies, señora presidenta. Una previa para la mayoría de grupos que han intervenido: por quien vuelva a decir que aquí el otro ha venido a posicionarse ideológicamente o a hacer política, va a morir un gatito. Yo pido que quien no venga aquí a hacer política, devuelva su nómina. (Aplausos). Devolved la nómina. Señorías, lamento mucho si les toco el ego. Sé que muchos de vosotros todavía pensáis que la vida os sonríe porque os lo merecéis, porque sois más listos, más guapos y os habéis esforzado mucho más que la mayoría, pero no. No es así. Como tampoco es verdad que la mayoría de este país no tiene casa porque sea vaga, porque no trabaja, porque es tonta, porque es inútil, porque se compra dos bolsos, porque comparte Netflix con una amiga o porque sale de fiesta un par de días al mes. No, señorías, eso tampoco es así. En España el 70 % de la desigualdad se explica por la herencia inmobiliaria. Sí, señorías, no por lo mucho o lo poco que nos esforzamos, sino por lo que nos han regalado nuestros padres o nuestras abuelas. Por cierto, no se os ocurra nunca jamás volver a decir que es porque vuestros padres se lo curraron, porque aquellos que no heredan, aquellos a cuyos padres les dolían los pies cuando volvían a casa, aquellos que lloraban a escondidas porque no les podían comprar las deportivas a sus hijas, todos aquellos también se lo curraron, pero no fue posible. (Aplausos). No fue posible, como tampoco es posible que hoy haya jóvenes que tienen el salario que soñaban hace cinco años y aun así no pueden pagar el alquiler y se tienen que volver a la casa de sus padres, porque su todopoderoso mercado, aquella mano invisible perfecta, ha decidido que un zulo de cuarenta y cinco metros cuadrados valga 1000 euros. O miren a esas parejas que ya no se quieren, pero se tienen que aguantar porque no pueden alquilar una segunda vivienda, donde se vaya uno de los dos.»
Fragmento 1 de 4 de esta intervención.