Diputado
«La tercera diferencia tiene que ver con la distribución de la población y la distribución de las casas en el territorio, porque, claro, cuando uno se carga las oportunidades en medio país, vía desindustrialización, vía deslocalización de la producción, vía estigmatización del modo de vida rural, las personas se mueven a las grandes ciudades, pero las casas no, las casas se quedan. En este país, se construyeron muchas casas en los años ochenta, noventa o dos mil, en capitales de comarca, en pequeñas y medianas ciudades, en agrociudades y en pequeños pueblos industriales que hoy están vacíos, porque, al mismo tiempo que se construían esas casas, se acababa con las condiciones de habitabilidad de estas. Al mismo tiempo que se construían esas casas, ustedes condenaban a emigrar a sus potenciales inquilinos o a sus potenciales compradores. Es decir, que puede que tengamos el mismo número de casas que en 2009, pero en algunos sitios no se llenan y, en otros sitios, faltan cada vez más. Cuarta diferencia: como consecuencia de los nuevos hábitos culturales, cada vez hay menos personas por hogar. Actualmente, se forman al año el triple de hogares de los que se producen, la estimación del INE para 2039 es que habrá 4 millones de hogares nuevos y el hogar más repetido en España estará formado por una sola persona. Aun así, habrá señorías como el señor Ibáñez, que dirán que no les daremos casa a estas personas, y yo creo que es que, al final, algunos seguirán erre que erre y no se bajarán nunca de la burra hasta que no haya infravivienda en cada esquina de nuestro país, en cada esquina de nuestras calles.»
Fragmento 2 de 5 de esta intervención.