29N · generales · dom 29 novfaltan 26 días

Carlos Hernández QueroVox

Diputado

«Hablamos de cooperativas, señora ministra, de cooperativas, no de sucursales de Ferraz ni de delegaciones de Moncloa, de cooperativas. (Aplausos). Aunque lo pretendan, el amo de un cooperativista no será nunca un político ni un ministro, el amo de un cooperativista es la comunidad natural a la que sirve y nada más. Un cooperativista no hinca la rodilla, no dobla la cerviz, no agacha la cabeza, no pide permiso ni replica consignas ni eslóganes vacíos. Su causa no es la de las pancartas, ni la de las elucubraciones teóricas, ni la de las etiquetas. Su causa es muy diferente. Al cooperativista le resbalan las polémicas de tres al cuarto de las llamadas élites culturales, le importan un pimiento sus dogmas, sus frivolidades y sus obsesiones sobre cómo tiene que vivir o dejar de vivir la gente; la causa del cooperativista -es bien sabido por todo el mundo- es la de lo próximo, lo real, lo concreto, lo espontáneo y lo común: el futuro de una comarca, el acceso al crédito de jóvenes, la prosperidad de ganaderos y agricultores, el consumo de cercanía que fija población y que garantiza empleo, la promoción de vivienda asequible, el relevo generacional en la pesca... Esos son objetivos de un cooperativista, y el que participa en una cooperativa, que sabe todo esto, lo hace en su condición de vecino, de parroquiano, de usuario, de consumidor, de productor, de compañero de faena... Lo hace en esas condiciones, lo hace por lo que es, no por lo que vota, por lo que es, por lo que le une a otros, no por lo que le divide. Señorías, el cooperativista se mueve por amor, por obligaciones recíprocas, por vínculos naturales, por ayuda mutua y por compromiso; no por ideología, no por amasar grandes sumas de dinero. Esto, claro, los convierte en sujetos contraculturales y tremendamente peligrosos para el poder, porque ustedes -que desde luego no se chupan el dedo y que les gusta tener todo bajo control- detectan que ahí, en esa independencia de criterio, en esa transversalidad, en esa preocupación genuina por la polis y por sus semejantes, en esa negativa a someterse a otros, hay un riesgo, sí, claro que lo hay, el riesgo de la libertad, y por eso quieren domesticar a las cooperativas, por eso quieren colonizarlas (aplausos), por eso quieren marcarlas con su impronta ideológica y por eso quieren convertirlas en un apéndice más del Estado, de un Estado que, lo siento, señora ministra, es desde hace tiempo una prolongación, no de SUMAR, sino una prolongación del Partido Socialista Obrero Español.»

Fragmento 2 de 6 de esta intervención.

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