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29N · faltan 25 días

Emilio Sáez CruzPSOE

Diputado

«Gracias, señor presidente. Permítanme, señorías, que salude, ya que nos acompaña en la tribuna, al presidente de la Confederación española de entidades de personas con discapacidad física y orgánica, el señor Queiruga. Sea usted bienvenido a esta su casa. (Aplausos). Señorías, no va a ocurrir, estoy seguro de que no va a ocurrir, pero permítanme que ponga un ejemplo, aunque solo sirva para remover las conciencias y para que se pongan, al menos por unos minutos, en la piel de quien sufre esta discriminación a diario. Imagínense que el jueves, al regresar a casa, tienen un accidente. Debido a ese accidente, su médula se rompe y, por ello, sus señorías tendrán que ir el resto de su vida en silla de ruedas-solo imagínenselo, porque no va a ocurrir-. Tras el accidente, ustedes estarán conscientes, pero no sentirán las piernas, no se podrán mover de cintura para abajo. Una ambulancia les llevará a un hospital y, una vez que se curen sus heridas, con el reposo necesario y sabiendo ya su diagnóstico definitivo, les mandaran a un hospital de referencia para tratar la lesión medular que ustedes han sufrido. Llegarán inmovilizados y estarán inmovilizados siete meses hasta que su médula pueda sellarse. A partir del séptimo mes, ya se podrán levantar de la cama y empezarán su rehabilitación y su readaptación a su nueva vida. Irán al Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo o a su hospital de referencia y allí estarán más o menos otros cuatro meses aprendiendo a desenvolverse con su silla de ruedas. Al año de su fatídico accidente, recibirán el alta médica y podrán regresar a su casa. No solo tendrán que enfrentarse a los cambios físicos y orgánicos que se producirán en su cuerpo, como dejar de andar o ver la vida un metro por debajo del resto de las personas, no controlar esfínteres o tener que reordenar su vida sexual. No solo serán los cambios de humor que padecerán hasta lograr su aceptación, a todos estos sinsabores sumémosles los que tendrán que asumir nada más llegar a su casa: su portal de vecinos no es accesible y necesitarán ayuda para subir. Al entrar en casa, solo pasarán unos segundos hasta que se den cuenta de los cambios tan importantes que tendrán que hacer en su vida: cambios de puertas, porque no caben con la silla; reforma integral del baño para hacerlo accesible a su nueva situación personal, o la reforma de la cocina, bajando los muebles de la cocina a su altura. Y, por supuesto, señorías -atentos aquí-, cuando ustedes regresen de nuevo aquí, no esperen sentarse en el mismo escaño en el que están sentados, porque no son accesibles. Cuando convoquen una reunión de la comunidad de vecinos para proponer que su portal sea accesible y vean que no se aprueba este punto, bien porque la mayoría no lo ve necesario, sin pensar que cuando sean mayores lo van a necesitar, bien porque la comunidad de vecinos, aun queriendo, no tiene recursos para acometer dicha obra, en ambos casos, el resultado será el mismo: ustedes no podrán bajar de su casa de manera autónoma, y es ahí donde su casa será su cárcel, como lo es para 100 000 personas en nuestro país.»

Fragmento 1 de 2 de esta intervención.

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