Juan José Aizcorbe TorraVox
Diputado
«Muchas gracias, señor presidente. El Grupo Popular nos presenta una moción a medio camino entre el artificioso patriotismo constitucional y la reivindicación del Estado de las autonomías. Incluso, en algún momento, se lamenta de que no se ha ofrecido al resto de autonomías la cesión de competencias que trae causa de esta moción. Desprende la iniciativa ese maldito aroma de los cobardes consensos de los remilgados llamados partidos de Estado, que les gusta firmar renuncias en hoteles como el Majestic, de ahí la necesidad de presentar enmiendas a una propuesta que contradice los propios actos del Grupo Popular, autor de esta moción. Hablan de acabar con el efecto llamada y no tienen escrúpulos en regularizar, en su alianza inédita con el PSOE, a cientos de miles de inmigrantes que han entrado en territorio nacional de forma irregular y, con ello, amplificar el efecto llamada. (Aplausos). El fallido Estado de las autonomías, construidas con artificiosos entes administrativos, convertidas en herramientas de fractura y privilegio, matando el alma de las regiones y que en su día algunos cándidamente concibieron, incluso proclamaron como un modelo novedoso de descentralización, ha derivado con el paso del tiempo en una cesión de poder que amenaza la esencia misma de nuestra unidad nacional. La última decisión de ceder competencias exclusivas del Estado en materia de inmigración a la Comunidad Autónoma de Cataluña, más allá del chantaje, es el reflejo más claro de esta deriva. Lo que debería ser una excepción constitucional, recogida en el artículo 150.2 de la Constitución, ha terminado por convertirse en norma principal, en el desagüe de su teórico espíritu, desnaturalizando por completo el contenido del artículo 149, que reserva para el Estado competencias fundamentales e irrenunciables. No estamos ante un simple traspaso de funciones administrativas, no, sino ante un cambio profundo en la estructura de nuestra nación, que, sumado a la filial de Bruselas, pone en riesgo la igualdad de los españoles y la soberanía nacional. ¿Cómo es posible que una comunidad autónoma tenga competencias sensibles para su seguridad que afectan a toda la nación? ¿Cómo podemos permitir, una vez más, que se rompa la igualdad entre españoles bajo el pretexto de la excepción, cesión o delegación sobre algo tan importante como inmigración en un momento de clara ofensiva islámica contra los valores que cimentaron Europa? La realidad es que el modelo autonómico ha permitido que, en lugar de unirnos bajo un mismo proyecto, algunos hayan utilizado estas cesiones para construir un relato de confrontación. (Aplausos). Se ha fomentado el sistema donde la lealtad al conjunto de la nación es sustituida por intereses particulares, donde la cohesión cede ante la fragmentación y donde la patria se diluye ante la indiferencia de quienes deberían defenderla. Ramiro de Maeztu lo expresó con palabras certeras cuando afirmó que el patriotismo es el amor por lo propio, el nacionalismo es odio a lo ajeno. Y en España, mientras unos trabajan para engrandecer la patria, otros buscan debilitarla desde dentro, exigiendo cesiones que jamás ofrecerían si no fueran parte de esta gran nación. No se trata de rechazar la diversidad de nuestras tierras ni de menospreciar nuestras lenguas o distintas tradiciones. España es rica en su pluralidad -unidad no es uniformidad-, pero esa riqueza no puede ser excusa para la desigualdad ni para la desmembración de la unidad nacional. La historia ha demostrado que nuestra fuerza y grandeza radican en la unidad, en la determinación de un pueblo que, a pesar de las dificultades, siempre ha sabido sobreponerse y caminar juntos hacia un destino común. El pueblo salva al pueblo. (Aplausos). No permitamos que el reparto de competencias se convierta en el reparto de España convirtiéndola, como alguien ya advirtió hace tiempo, en un almacén de retales. Si nuestra norma máxima ha dejado fisuras que permiten desnaturalizar la soberanía del Estado, tenemos la obligación de repararlas y de que se blinde de una vez por todas la unidad de España como un principio inquebrantable. Por eso, en VOX preferimos ir contracorriente en defensa de la unidad, río arriba, buscando las aguas limpias que el fallido Estado de las autonomías ha embarrado. Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).»