Rafael Cofiño FernándezSumar
Diputado
«Salud pública supone que por cada euro que invirtamos más en programas de educación sexual, vamos a tener un retorno de casi 15 euros más en términos de salud ganada. Salud pública significa conseguir políticas de desarrollo comunitario que cohesionen más, conseguir mejores estructuras sociales para mejorar la supervivencia de las personas. Sabemos que las personas con estructuras sociales más fuertes consiguen tener en siete años un 50 % más de supervivencia que aquellas con estructuras frágiles de apoyo. Será muy importante para la Agencia Estatal de Salud Pública no solamente tener perfiles sanitarios y preventivos -esto es claro-, sino también perfiles de ciencias sociales; no solamente personas que trabajen en los qué y en los cuántos, sino personas que investiguen los cómo y los porqués. Por otra parte, la Agencia Estatal de Salud Pública, con los matices que muchas compañeras habéis aportado, es fundamental para nuestro país, pero no tenemos que perder de vista que la salud pública y la salud comunitaria la hacen los territorios. Voy terminando. Marguerite Yourcenar tiene un libro precioso titulado Memorias de Adriano. Memorias de Adriano se desarrolla en un momento histórico y en las notas del libro Marguerite menciona una cita de Flaubert para hablar de ese momento histórico. La cita dice: 'Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón hasta Marco Aurelio, en que solo estuvo el hombre'. No sé si seguimos solos o no, pero estamos en un momento histórico con grandes necesidades. Un momento histórico de transición, de frontera y de costuras desgarradas, un momento en el que son necesarias políticas globales y valientes, en el que hacen falta -y necesitamos- políticas generosas y políticas que vayan más allá de las miserias partidistas o de las egolatrías y las vanidades personales. En el libro, Yourcenar define perfectamente el mundo que queremos y el espíritu de la salud pública que queremos. La cita -y con esto termino- dice así: 'Quería que las ciudades fueran espléndidas, ventiladas, regadas por aguas limpias, pobladas por seres humanos cuyo cuerpo no se viera estropeado por las marcas de la miseria y la servidumbre, ni por la hinchazón de una riqueza grosera; quería que los colegiales recitaran con voz justa las lecciones de un buen saber; [...] que los huertos dieran los más hermosos frutos y los campos las cosechas más ricas. Quería que a todos llegara la inmensa majestad de la paz romana, insensible y presente como la música del cielo en marcha; que el viajero más humilde pudiera errar en un país, de un continente al otro, sin formalidades vejatorias, sin peligros, por doquiera seguro de un mínimo de legalidad y de cultura. [...] Este ideal, modesto al fin y al cabo, podría llegar a cumplirse si los hombres pusieran a su servicio parte de la energía que gastan en trabajos estúpidos o feroces...'. Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Plurinacional SUMAR, puestos en pie).»
Fragmento 4 de 4 de esta intervención.