Diputado
«Señor Abascal... Ahora viene ese momento paradigmático en el que yo le pregunto al señor Abascal y el señor Abascal no está. (Risas). El señor Abascal ha hablado de amenazas migratorias africanas -amenazas migratorias africanas-, se ha metido con el islam, se ha burlado del ramadán... Solamente les voy a decir, señorías de VOX -y concretamente, por lo que sea, al señor Abascal-, que algunos de ustedes se parecen más a Abderramán II que a Blas Piñar, ¿eh? (Risas). Entonces empezamos. Señorías, el mundo es como es y no como nos gustaría que fuera. Y con el debido respeto y sin ánimo de ofender a nadie, creo que forma parte de nuestra responsabilidad como representantes públicos de izquierdas, como la izquierda, -repito, sin querer ofender a nadie-, ir más allá de nuestros dogmas, de nuestras frases maravillosas, de nuestras pancartas, por muy loables y por muy verdad que sean. Porque el mundo no es como dicen esas frases, esos dogmas, esas pancartas. Nos encantaría que fuera así, pero de momento no lo es. ¿Queremos transformar el mundo? Sí, queremos transformar el mundo. ¿Pero el mundo es como es? Sí, es como es. Yo, por ejemplo, soy profundamente antifascista y soy profundamente antimilitarista; profundamente. Esas son mis convicciones. Pero también creo profundamente que, por encima de esas convicciones, debe haber una máxima: hacernos cargo del mundo tal y como es, hacernos cargo de la realidad tal y como es. Porque si no, la experiencia y la historia nos dicen que se hace cargo otra gente, y sabemos siempre quién es esa gente, y sabemos siempre con qué intenciones se hace cargo esa gente de la realidad. Eso significa, señorías, para mí, interpelar al que lleva la pancarta del 'no a la guerra'. Porque sí, señorías; por supuesto, aquí, ahora y siempre: No a la guerra. Señorías, jamás un arma ha solucionado nada; no existen las guerras preventivas, las tropas de paz son mentira, las guerras siempre traen embrutecimiento y pobreza para los más pobres y privilegios y riqueza para los más ricos, sí. Pero también creo que, como representantes de izquierdas que somos, hay que interpelar al que lo ve desde la tele -o desde su móvil hoy en día- y dice: Ah, bueno vale, pero yo tengo miedo; ah, bueno vale ¿pero y qué hacemos? Creo que forma parte de nuestra responsabilidad interpelar a los dos y, por lo tanto, creo que forma parte de nuestra responsabilidad gestionar la realidad tal y como es e interpelar al máximo de gente posible. Porque sí, creo que tenemos que hablar sin manías; la izquierda tiene hablar y legislar, sin manías, de orden, de seguridad y de defensa. Porque la izquierda sí es orden, es seguridad y es defensa. Así que yo hoy diré cosas fáciles de decir -por lo menos para mí-, pero también diré cosas difíciles o no tan fáciles, o no tan cómodas de decir, al menos para mí. Por cierto, cuando decimos eso de que nosotros no estamos interesados en la guerra pero la guerra sí está interesada en nosotros, hay gente que nos dice aquello de: Ah vale ¿entonces irás tú a la guerra? Yo voy a intentar ser muy claro. Hace noventa años en este país hubo una guerra. El ejército republicano se enfrentó a los fascistas, a los franquistas sublevados, y todo el mundo sabe que si ese ejército hubiera tenido mejores aliados y mejores armas, hubiera ganado. Y todo el mundo sabe que Franco hoy, si eso hubiera pasado, sería lo que merecería ser: un recuerdo triste de la historia. (Aplausos). Así que yo digo que sí, que frente a esas guerras y las que vendrán sí, yo iría, y tanto que iría, y los míos también.»
Fragmento 3 de 8 de esta intervención.