Inés Plaza GarcíaPSOE
Diputada
«Es cierto que en los últimos años nuestro país ha dado pasos importantes, como con la creación del Consejo Estatal del Pueblo Gitano, la fundación del Instituto de Cultura Gitana, la declaración del 8 de abril como Día del Pueblo Gitano, el reconocimiento oficial de sus símbolos desde 2018, la Ley integral para la igualdad de trato y la no discriminación, la Ley de Memoria Democrática -que incluye la reconciliación con el pueblo gitano-, la aprobación en 2022 del informe para estudiar el pacto de Estado contra el antigitanismo y el reconocimiento del antigitanismo como agravante penal, y, sobre todo, la puesta en marcha de la Estrategia para la Igualdad, Inclusión y Participación del Pueblo Gitano, una estrategia ambiciosa, construida desde el Consejo Estatal del Pueblo Gitano, que se viene desplegando desde el plan operativo 2023-2026, al igual que, por otro lado, el Plan de mejora de la empleabilidad gitana y el marco estratégico contra el racismo y la xenofobia. Pero a pesar de todos estos avances que estoy señalando, es cierto y somos conscientes de que aún nos queda muchísimo camino por recorrer. Por eso, hoy, al presentar esta iniciativa, queremos mirar al pasado con respeto, queremos mirar al presente con responsabilidad y queremos mirar al futuro con esperanza. Pero, señorías, para mirar con esperanza tenemos que hablar con la verdad, y la verdad es que ser gitano y gitana en España sigue siendo un factor de desigualdad, y más aún ser gitano o gitana en Andalucía, mi tierra, que significa tener que pelear cada derecho básico como si fuera un privilegio. Se estima que en Andalucía hay unas 300 000 personas gitanas, el 40 % de la población gitana de todo el país y, sin embargo, seguimos viendo cómo se cronifican las desigualdades. ¿Cómo podemos aceptar que, debido a las políticas de Moreno Bonilla, más del 85 % del alumnado gitano andaluz esté escolarizado en colegios o en escuelas convertidas en guetos? ¿Cómo podemos permitir que un alcalde de un pueblo de Málaga afirme públicamente que no quiere gitanos en su municipio, como expone el informe de Andalucía de la Fundación del Secretariado Gitano? ¿Cómo es posible que, en mi propia provincia, en Almería, se rechace una entrevista de trabajo a una mujer por ser gitana? ¿O en Huelva, que se lanza un programa de refuerzo escolar para niñas y niños gitanos y las redes sociales se llenan de insultos? Y miren, señorías, ¿qué hace el presidente de la Junta de Andalucía, Moreno Bonilla, ante todo esto? Pues lo único que hace es que otorga una medalla al pueblo gitano. Y yo me pregunto: ¿de qué sirven las medallas cuando se abandona al pueblo gitano en chabolas (aplausos), cuando se invisibiliza la segregación o cuando se permite que se siga estigmatizando a toda una comunidad?»
Fragmento 2 de 4 de esta intervención.