29N · generales · dom 29 novfaltan 26 días

Francesc-Marc Álvaro VidalERC

Diputado

«Señorías, incorporamos la memoria del pueblo gitano en la memoria colectiva del Estado. Los catalanes lo intentamos hacer. Nombres como el barrio de Gracia, Perpiñán, ciudad gitana no asimilada por la República Francesa, el barrio de Hostafrancs, donde surgió la rumba, y también -digámoslo claro- las dobles discriminaciones a los gitanos catalanes por ser gitanos y catalanes, perseguidos por tener una doble sospecha ante el Estado y de la Corona. El gitano era el enemigo. El gitano ha estado en la cultura popular, ha sido el extraño habitual, el vecino del que hemos sospechado y, como decía bien el portavoz del Partido Nacionalista Vasco, todos deberíamos entonar un mea culpa porque todos hemos incriminado a los gitanos. En la política cultural española siempre está esa figura extraña: el judío, el musulmán, el afrancesado, el gitano, y añadan ustedes lo que quieran. Vale la pena, señorías, que hagamos una reflexión hoy sobre cuál es el Estado que hemos construido, qué Estado hemos construido algunos a partir de la pureza de la sangre, a partir de la pureza de la raza. Como dijo un sabio, los gitanos quizás sean los europeos más europeos de todos. Digámoslo hoy aquí. Los gitanos, por su nomadismo, por su carácter transnacional, por su capacidad de estar en todas las culturas del viejo continente podrían atribuirse con toda la legitimidad y autoridad el papel de los primeros europeos. Digámoslo claro. No les hemos hecho un gran favor. Desde el punto de vista de la cultura política española, si eras gitano no podías ser súbdito de primera o ciudadano después, tenías que dejar de ser gitano; es decir, tenías que dejar de ser tú, de existir. Hoy el reto en la democracia es otro, señorías. El reto es que el ciudadano gitano pueda ser un ciudadano no de segunda o de tercera, sino un ciudadano como cualquier otro.»

Fragmento 6 de 8 de esta intervención.

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