Carlos Martín UrrizaSumar
Diputado
«Gracias. Hoy volvemos a discutir un real decreto extraordinario, como otros que, desgraciadamente, hemos tenido que aprobar a lo largo de los últimos años con origen en causas indeseables, pero es precisamente en estos momentos cuando más importancia adquiere nuestra labor como legisladores, en momentos en los que tiene que ponerse a funcionar toda la maquinaria del Estado del bienestar al servicio de la ciudadanía, que sufre las consecuencias de cuestiones ajenas a su voluntad. En esta ocasión es por la subida injustificada de aranceles por parte del Gobierno de Estados Unidos. Nadie, ni siquiera en Estados Unidos, es capaz de entender la decisión de su presidente de elevar de manera general y unilateral los aranceles a los productos importados. Solo con la bravuconería del que se cree el más fuerte de la clase alguien es capaz de adoptar una decisión tan poco razonable. No es que los demás nos hayamos convertido de repente en librecambistas o defensores acérrimos del libre comercio, pues los aranceles sí tienen sentido en algunas ocasiones. Sin embargo, sí somos defensores de un comportamiento civilizado, más aún entre socios o, incluso, también con otros países con los que tenemos intereses contrapuestos. No llevamos siglos de civilización para que ahora venga alguien a tirarnos de la oreja para sentarnos en una mesa de negociación, aunque parte de lo que sucede es también nuestra responsabilidad, pues Europa está asistiendo impasible a la extorsión, al más puro estilo carcelario, sobre un país europeo invadido, al que ahora se quiere cobrar una ayuda militar que se le ofreció gratuitamente precisamente para apuntalar los intereses de Estados Unidos en Europa (aplausos); una extorsión que también nos alcanza a nosotros, pues, asimismo, ahora se nos quiere cobrar una protección que no demandamos, sino que también se nos impuso en el pasado a través de todo un rosario de bases militares.»
Fragmento 1 de 4 de esta intervención.