Vicente Montávez AguillaumePSOE
Diputado
«Gracias, presidenta. Señorías, hoy esta Cámara no aprueba un simple texto legislativo; aprueba una afirmación de principios, una afirmación que nos define como nación, como democracia y como parte activa de una comunidad internacional que aún cree en la ley cuando otros la olvidan, la ignoran o la violan. Ratificamos hoy cuatro enmiendas al artículo 8.2 del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Con ellas, declaramos crímenes de guerra prácticas que representan lo peor de la guerra: el uso de armas biológicas, el empleo de proyectiles imposibles de detectar por la medicina, el recurso a láseres diseñados para cegar permanentemente y el uso deliberado del hambre como herramienta de castigo colectivo. Sí, señorías, del hambre. (Aplausos). No se trata de nuevas atrocidades, se trata de atrocidades antiguas a las que ahora llamamos por su nombre para que no vuelvan a encontrar refugio en el silencio legal o en la indiferencia política. Señorías, en la actualidad hay más de cincuenta conflictos armados activos en el mundo. Algunos ocupan portadas, muy pocos, otros no aparecen ni en un tuit; algunos con más cámaras, otros con más muertos, pero en todos ellos hay algo en común: una constante erosión de los límites humanitarios. Los civiles han dejado de ser víctimas accidentales para convertirse en instrumentos del terror. La destrucción ya no es una consecuencia, es un lenguaje. Y vemos en Gaza la máxima expresión de ese lenguaje. En Gaza el hambre no es un daño colateral, es un arma; se está usando para rendir a la población, para castigarla por resistir, por existir. Los convoyes humanitarios son bloqueados; los niños y niñas mueren antes de que llegue el pan y el mundo mira hacia otro lado. Pero nosotras y nosotros no podemos (aplausos), porque usar el hambre como castigo colectivo no es defensa, es barbarie; y frente a eso la ley tiene que hablar más alto que el silencio, señorías.»
Fragmento 1 de 4 de esta intervención.