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29N · faltan 25 días

Carlos Hernández QueroVox

Diputado

«Gracias, señor presidente. Buenos días, señora ministra. Lo han celebrado tanto, han dado tanto bombo a sus medidas y han presumido tanto de sus supuestos logros que entiendo que me corresponde felicitarla hoy por el segundo cumpleaños de la ley de vivienda. Felicidades a usted y a todos los grupos parlamentarios que lo hicieron posible. Ya tienen ustedes lo que tanto anhelaban: un mercado inmobiliario absolutamente destruido y demacrado. Entiendo que es para ustedes un día absolutamente alegre; en cambio, es triste para millones de jóvenes a los que se les ha condenado a una muy cruel disyuntiva: seguir durmiendo hasta la eternidad en la vieja litera del cuarto de casa de sus padres, vivir la vida loca de mudanza en mudanza -y tiro porque me toca-, hacer turnos para cocinar, para asearse o para comer con extraños o directamente largarse de un país en el que los políticos los tratan a patadas -opción a la que lamentablemente cada vez más españoles se están acogiendo-. (Aplausos). El menú no parece muy suculento, la verdad, no parece muy apetitoso. Pero bueno, al menos se puede elegir, ¿no? Que parece que es lo fundamental en esta era del 'yo, mi, me, conmigo', del 'yo me lo guiso, yo me lo como', del 'sé quien quieras ser'. Se puede elegir, esa es la clave siempre, tener derecho a todo. Ley por el derecho a la vivienda. Por supuesto, faltaría más, por el derecho a la vivienda sobre el papel. Eso sí, que el papel lo resiste todo. El papel y las presentaciones de PowerPoint y Canva. Ley por el derecho a la vivienda es un eslogan maravilloso, espectacular. Ya la aplicación práctica, pues, bueno: ahí te apañes, chaval; mira este zulo maravilloso que tenemos para ti, majete; también este semisótano interior, con un poquito de humedades, eso sí, pero con una capa de pintura se puede vivir; o este bajo sin ventilación que antaño fue una carnicería, mira qué aventura. Puedes elegir lo que más te guste, a fin de cuentas, tú mandas y eres libre; libre de pagar una pasta que no tienes ni tendrás para pagar un cuchitril en el que ni siquiera podrás poner cuadros ni pintar las paredes, porque no es tuyo, pero eres libre. Sí, muy libre. (Aplausos).»

Fragmento 1 de 7 de esta intervención.

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