Javier Merino MartínezPP
Diputado
«Gracias, presidenta. ¿De verdad, señorías, pensaron en algún momento que los ferrocarriles en España funcionarían estando al mando del ministerio Ábalos Koldo, las Jésicas, las miss Asturias y demás sobrinas? ¿De verdad que lo pensaron? ¿De verdad que pensaron que los trenes funcionarían en España estando al mando del ministerio el señor Óscar Puente? ¿De verdad que lo pensaron? (Aplausos). Un poco ingenuos sí que son. Señorías, ustedes son muy jóvenes y no lo recordarán, pero hubo un tiempo en el que el Ministerio de Transportes era más conocido como el Ministerio de Fomento o el Ministerio de Obras Públicas, el famoso MOPU; una época en la que el Ministerio de Fomento vertebró y modernizó nuestro país a través de la conexión de autovías, a través de la llegada del AVE a diversas capitales de provincia, a través de la construcción de puertos, de estaciones intermodales; una época donde el tren llegaba a tiempo; una época donde los españoles elegían el tren como el medio público de transporte preferido. Por lo tanto, la pregunta que nos tenemos que hacer es qué ha pasado para llegar a la degradación institucional, política y humana que hay en el Ministerio de Transportes. Esa es la cuestión. ¡Oiga, es que el AVE no deja de funcionar en dos días, eh! Para nosotros, son dos los motivos: el primero, el nombramiento de Ábalos como ministro de Transportes y de su mano derecha, Koldo; siendo la cúspide de la degradación institucional y política cuando en la peor época de nuestro país, cuando murieron más de 100 000 personas, estos se llevaron el dinero público a casa. (Aplausos). Es que en esa época se dedicaron a crear una red clientelar para enriquecerse ellos y los amiguetes del PSOE. Es que aprovecharon la reducción de garantías de la Ley de Contratos del Sector Público para pegarle mordidas a los contratos de las mascarillas. Es que contrataron a sus prostitutas de cabecera en las empresas públicas del ministerio. (Una señora diputada: ¡Qué vergüenza! ¡Qué barbaridad!). ¡Qué barbaridad! ¡Qué barbaridad! Y, como digo, en la peor época, cuando morían cien mil personas, estos se lo estaban llevando calentito a casa.»
Fragmento 1 de 3 de esta intervención.