Guillermo Mariscal AnayaPP
Diputado
«Hubo avisos, claro que los hubo. En 2015 los informes técnicos alertaban de la bomba de relojería que suponía operar una red sobredimensionada sin herramientas para controlar la energía reactiva. Porque, señorías, el problema -y ya sé lo que van a decir- no es la energía renovable, sino cómo la integramos en el sistema. (Aplausos). El Gobierno solo pensaba en celebrar récords de generación renovable. Todo por la propaganda, ignorando las advertencias, que fueron muchas. Quizás Pedro Sánchez aquella mañana quería anunciar un récord en el Investors Day. Lo cierto es que la CNMC ya alertó en enero de los riesgos de la sobretensión y no se actuó. En diciembre tuvieron que parar dos veces la gran industria. El 22 de abril los desfases de frecuencia colapsaron dos líneas ferroviarias y tuvo que parar la refinería de Cartagena. Desde las nueve de la mañana de ese día fatídico, del día 28, y como había venido ocurriendo en los días anteriores, habían existido inestabilidades en las redes de transporte eléctrico. A pesar de todo, decidieron operar el sistema con un número muy bajo de tecnologías inerciales: hidroeléctricas, ciclos combinados y las demonizadas nucleares, que las tres son indispensables para absorber las fluctuaciones en las redes de transporte. Pero eso son solo leyes físicas que no encajan en el fundamentalismo ideológico que practica este Gobierno.»
Fragmento 3 de 6 de esta intervención.