Txema Guijarro GarcíaSumar
Diputado
«Bien, si fuera esto poco, ahora y nuevamente a instancias de los Estados Unidos, se nos dice que el 2 % del PIB no era suficiente -no era suficiente- y amenazan con aprobar un aumento del 5 % del PIB en la próxima cumbre de la OTAN, prevista para dentro de apenas dos semanas. Señorías de esta Cámara, compañeras y compañeros del Grupo Socialista, todas y todos sabemos aquí que esta cifra es un absoluto disparate. Es un absoluto disparate. También ustedes, señorías del Grupo Popular, aunque no quieran reconocerlo. Es un sinsentido que resulta insultante en forma de propuesta, no digo ya en forma de imposición; un número cabalístico tan arbitrario como aleatorio que sale de la brillante cabeza del señor Trump, un presidente cuyo cariño y empeño por nuestro continente ha quedado ya de sobra comprobado. Todos en Europa sabemos que este planteamiento está fuera de toda realidad -todos-; que no tiene ningún sentido comprometer ratios sobre PIB, cuando de lo que se trata es de construir capacidades conjuntas, y que la industria europea en ningún caso podría absorber un aumento tan abultado del gasto en tan poco tiempo, por lo que solo podría realizarse a base de engordar el complejo militar industrial norteamericano-israelí, que sí tiene las capacidades, más bien el hambre, para asumir estas demandas. (Aplausos). Digo que todos en Europa lo sabemos, pero muy pocos han reaccionado. El inquilino naranja de la Casa Blanca nos pasa la factura para que sea Europa la que pague los fastos de la Pax Americana y, de momento, la mayoría de los países solo se miran de reojo. Ciertamente, la ministra de Defensa, Margarita Robles, no ha sido para nada entusiasta a la hora de abrazar la propuesta. Se la ha notado incluso incómoda en estos últimos días cuando ha sido preguntada por la cuestión. Supongo que la mujer habrá levantado un poco la mirada y habrá concluido que no hay nada, absolutamente nada, que justifique multiplicar por más de seis veces nuestro gasto en defensa. Bien, quizá ha llegado el momento de traducir esa incomodidad en una posición política firme, en una postura de país, que se escuche bien alto y bien claro en La Haya los próximos 24 y 25 de junio, señorías.»
Fragmento 3 de 4 de esta intervención.