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29N · faltan 25 días

Jordi Salvador i DuchERC

Diputado

«I acabem. Votarem que sí, però no ens fem il·lusions, simplement perquè volem deixar constància que hi ha diputats i diputades que no callaran davant la barbàrie, que no acceptarem les guerres sigui l'única sortida, que no acceptarem que les armes siguin l'única indústria que hi hagi en aquest país o a Europa. En fi, en el nostre nom, no. Moltes gràcies. Gracias, presidenta. Buenas tardes a todos. Señores del Grupo Socialista, les recuerdo un personaje histórico, Jean Jaurès, fundador del Partido Socialista francés, asesinado por decir no a la guerra mundial. Murieron millones de personas. Hoy en día Jean Jaurès, fundador del Partido Socialista francés, está en nombres de calles, de plazas, estaciones de metro... Ojalá hubiera más Jean Jaurès en esta Cámara. Dicho esto, hoy votamos que sí a esta moción por coherencia con lo que somos y lo que defendemos. No todos somos iguales, unos venimos de la paz, el pacifismo y el antimilitarismo ferviente desde siempre, desde hace muchos años, porque es urgente y necesario acabar con esta hipocresía de los discursos oficiales. Nos hablan de paz, pero compran armas; hablan de libertad, pero negocian con regímenes criminales, algunos incluso tienen a su monarca emérito en uno de ellos; hablan de valores, pero sostienen guerras, y lo más grave, nos piden que callemos, que financiemos esa locura militarista. Nosotros, como cantaba Raimon, decimos no, diem no, decimos no, porque sabemos que una guerra se hace con bombas, donde quienes pagan las consecuencias siempre son los de abajo, siempre los de abajo, pero también sabemos que la guerra comporta alguna otra guerra mucho más invisible, pero igualmente letal, la guerra social que algunos quieren ver y dicen que es populismo. Ya sabemos por qué lo dicen, porque son de derechas. ¿Qué es la guerra social? La que condena a millones de personas a la miseria mientras cuatro fondos de inversión hacen negocio con la energía, las armas, el crédito o la vivienda. ¿Esa es la seguridad europea de millones de personas que viven en este país? Esta es la guerra de los poderosos contra la vida, es la guerra del capital contra los pobres, y esto, amigos míos, no es democracia. Si quieren que lo sea de verdad, hagamos algo, se lo digo a los partidos del Gobierno. Hagan otro referéndum -ya sé que no son amantes de los referéndums- sobre las partidas presupuestarias y pregúntenle a la gente del pueblo, a la gente de verdad, en qué prefieren que gasten su dinero, si en servicios públicos o en armas para ir matando gente. Pregúntenlo si son demócratas de verdad y no de boquilla. Y si me permiten la ironía, tampoco es libertad, o sí, una libertad entre todo un abanico de opciones -miren la ironía- cada vez más reducido. Me gusta mucho, me hace mucha gracia cuando hablan de que podemos escoger entre pobreza energética, pobreza alimentaria, pobreza infantil, pobreza de la vivienda, pobreza menstrual... Eso es lo que podemos escoger, Coca-Cola o Pepsi-Cola, es decir, una democracia llena de alternativas. Y mientras sucede todo esto -ahora vamos a los datos reales, a ver si no se nos cae la cara de vergüenza-, se habla de guerra con mayúsculas; en el Reino Unido se invierten miles de millones en doce submarinos nucleares, que son potencia nuclear ya, pueden destruir todo el planeta y varias veces; Alemania, que antes no podía gastar en armamento y no le iba mal, bate récord de exportación de armas, también ahora; España quiere destinar 34 000 millones de euros en 2025 al presupuesto militar, y no nos engañemos, cada euro que va a la guerra es un euro robado a la sanidad, a la educación o a la dependencia -si no, que me expliquen si no es verdad-, o como mínimo podrían ir ahí, y no vamos sobrados.»

Fragmento 3 de 5 de esta intervención.

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