Teresa Jordà i RouraERC
Diputada
«Las centrales nucleares españolas se diseñaron para una vida operativa de cuatro décadas, de cuarenta años, y este espacio temporal ya lo han superado la mayoría de ellas. Hoy todas ellas se encuentran en una fase de extensión de su vida útil y este hecho comporta evidentemente, por una parte, más gasto y, por otro lado, más riesgos. A medida que las centrales envejecen requieren, evidentemente, más mantenimiento, requieren un mantenimiento también cada vez más costoso y más complejo y, sobre todo, inversiones considerables que garanticen, como no puede ser de otro modo, lo más importante de todo, que es la seguridad de las instalaciones y la seguridad obviamente de la ciudadanía, de las personas. A pesar de la realidad de hoy, la energía nuclear -hay que decirlo- ha sido durante décadas una parte fundamental del sistema eléctrico del Estado español. Su capacidad de generación de electricidad, de hacerlo de forma continuada y, evidentemente, de hacerlo sin generar emisiones de CO2 de forma directa la han convertido en una fuente de apoyo estable importante. La realidad, sin embargo, señoras y señores diputados, es siempre tozuda. Lo es y se acaba imponiendo, y esta realidad nos dice que el riesgo y los gastos asociados al mantenimiento de las centrales nucleares son cada vez más evidentes. La generación de residuos radioactivos, la dependencia tecnológica del exterior, el envejecimiento de las centrales y la pérdida de competitividad frente a las renovables es evidente, y no pasa nada por decirlo. Esto también es la realidad, que hace plantearse seriamente su eliminación progresiva.»
Fragmento 6 de 10 de esta intervención.