Blanca Armario GonzálezVox
Diputada
«Señorías, muy buenas tardes. Muchísimas gracias, señora presidenta. Son 14 kilómetros los que separan España de Marruecos, desde Cires a Tarifa. Una narcolancha habrá tardado el mismo tiempo que dura mi intervención en colarnos por ese pasillo droga, delincuencia y muerte a cambio de un porte por el que un narco puede ganar miles de euros. Lo harán utilizando embarcaciones que, debido a su poca capacidad de depósito, necesitan ser recargadas con carburante en más de una ocasión, necesitan la ayuda de las petaqueras hasta que el alijo toque suelo español. (Aplausos). Mientras yo intervengo, señorías, grandes españoles se juegan la vida para proteger nuestras fronteras con los pocos recursos que tienen. Queridos miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, jueces, magistrados y fiscales, valientes que frenáis la delincuencia sin miedo a nada ni a nadie, muchas gracias. (Aplausos). Hoy hablamos de quienes han sido abandonados, silenciados y traicionados por el poder político, nuestros jueces, magistrados y fiscales, que tienen el deber de lealtad constitucional y que, con conductas impecables, mantienen firme esa confianza social en el Poder Judicial que constituye elemento básico de nuestro sistema democrático. Los protagonistas de esta iniciativa son héroes con toga que el socialismo ha dejado solos ante el crimen y a los que, aprovechándose de los valores anteriormente mencionados, ha querido ningunear sin piedad alguna. España no es una nación libre y segura, España es un territorio pisoteado por enemigos; unos ya están dentro y otros van y vienen gracias a la ausencia de políticas que protejan todas nuestras fronteras. (Aplausos). Ambos enemigos tienen en común el dinero sucio y la corrupción. El escenario del narco es el Campo de Gibraltar, donde el Estado se juega la dignidad, donde nuestros agentes patrullan barrios tomados por clanes, sin recursos, sin refuerzos; un escenario en el que nuestros jueces reciben amenazas por aplicar la ley, al mismo tiempo que los criminales no se esconden, al contrario, se exhiben y se ríen creyéndose con total impunidad, abrazándose a las AK-47.»
Fragmento 1 de 7 de esta intervención.