Teresa JordàERC
Diputada
«Res més. Moltes gràcies. Gracias, presidenta. Hoy hablar de Hungría no es hablar de un país lejano, hoy hablar de Hungría es hablar de Europa. Es hablar, sí, es hablar de nosotros. Lo que se está gestando allí no es solo un ataque contra los derechos de las personas LGTBIQ+, sino que es sin duda un ataque deliberado al corazón de los valores democráticos. Y no es un hecho aislado, no lo es. Es, precisamente, el resultado directo de la consolidación de la extrema derecha en Europa, una extrema derecha que impulsa una deriva autoritaria para invisibilizar y excluir directamente todo aquello que no encaje en su modelo, obviamente un modelo cerrado, obviamente un modelo reaccionario. Pero eso no es solo una cuestión que interpele a los colectivos LGTBIQ+, sino que es sin duda un desafío colectivo para defender los derechos que nos hacen libres. El 18 de marzo del año 2025 el Parlamento húngaro aprobó una ley que prohíbe las marchas del Orgullo bajo el pretexto, decían, de proteger a los menores. Una justificación aparentemente neutra, pero hay que decir que profundamente ideológica con fórmulas parecidas -hay que decirlo también- a cuando durante el franquismo -y siempre es bueno recordarlo- se criminalizó la homosexualidad, personas internadas en campos, como Tefía, o cárceles como la de Badajoz, solo solo por querer, por amar. Hoy la historia se repite con otras formas, pero con la misma voluntad en Hungría: el silencio y la represión. Manifestarse en Hungría puede comportar hoy multas, acoso policial y puede comportar incluso penas de cárcel. Con reconocimiento facial las autoridades identifican y controlan a quien se atreva a visibilizarse, así tal cual. Amar en público hoy en Hungría vuelve a ser motivo de represión.»
Fragmento 5 de 8 de esta intervención.