29N · generales · dom 29 novfaltan 26 días

José María Sánchez GarcíaVox

Diputado

«Con la venia, señora presidente. En opinión de quien habla, la proposición de ley orgánica objeto de debate merece ser examinada en tres planos: el jurídico, el político y el moral. En primer lugar, en el plano jurídico, la proposición tiene por única finalidad la persecución y represión penal de las asociaciones que se manifiesten favorables a la acción política de Franco durante treinta y nueve años de Gobierno de la nación, desde 1936 a 1975. La iniciativa da cumplimiento a la Ley de Memoria Democrática, disposición adicional séptima. Dicha ley pretende que el legislador se adentre en las conciencias de los individuos; es decir, en el fuero interno en el que vive la más irreductible libertad ideológica (aplausos), que siempre, lo quiera un Gobierno o legislador, por tiránicos que sean, es ámbito naturalmente inmune a todo avasallamiento de la libertad. Como venimos denunciando en los últimos años, desde la antecedente ley, llamada de memoria histórica -promovida por el Gobierno socialista del señor Rodríguez 'Zapatovsky' (risas) y no derogada por el Gobierno popular del señor Rajoy-, con carácter general, leyes como esta o como aquella, y me refiero ahora a la Ley de Memoria Democrática y, en particular, también a esta proposición de ley orgánica, violentan irremediablemente -como necesidad en sentido filosófico, como necesidad no de modo contingente- las libertades ideológicas -artículo 16.1 de la Constitución-, de expresión, producción y creación artística, científica y literaria, y de cátedra y comunicación -artículo 20.1 a), b), c) y d) de la Constitución-, y de enseñanza -artículo 27.1-, así como los derechos de reunión y manifestación -artículos 21, apartados 1 y 2, de la Constitución-, de asociación -artículo 22.1- y a la educación -artículo 27.1 de la Constitución-, también en su vertiente del derecho de los padres a que sus hijos reciban la formación que esté de acuerdo con sus convicciones -artículo 27.3-. Esto es un catálogo propio de un sistema no autoritario, sino to-ta-li-ta-rio, ¡como lo fue el fascismo italiano! (aplausos), que pretendía que la totalidad de la existencia se integrara e identificara en un ente llamado Estado. Por eso fue totalitario. Por eso no fue totalitario el franquismo, calificado como autoritario en la famosa obra publicada por la Real Academia de la Historia, que dio lugar a una controversia protagonizada por quienes hoy promueven y apoyan esta iniciativa legislativa en contra del criterio científico de la Real Academia de la Historia, aunque no sé si decir científico porque esto dependerá de si se pronuncia aquí el oráculo este de Delfos que tenemos, al que yo califico de [inútil] 3, acerca de si es ciencia o no.»

Fragmento 1 de 2 de esta intervención.

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