Ignacio Gil LázaroVox
Diputado
«Han guardado usted y la directora general de la Guardia Civil un silencio cómplice y cobarde también cuando quedó inmediatamente acreditada la falsedad que había urdido un medio de comunicación afecto a la órbita del sanchismo, manipulando una determinada conversación grabada para imputar a un capitán de la Guardia Civil y exmiembro de la Unidad Central Operativa la pretensión de colocar una bomba lapa debajo del coche del presidente del Gobierno. Y cuando esa falsedad era pública y ya reconocida como tal, tres miembros del Gobierno-la vicepresidenta Montero, la ministra Alegría y el ministro Óscar López- durante todo un fin de semana estuvieron conscientemente cacareando esa falsedad. Pero, claro, señorías, se comprende perfectamente el silencio cobarde y cómplice ante esos hechos, de usted y de la directora general de la Guardia Civil, porque antes ya habían pasado muchas cosas en su ministerio. Había pasado que la directora general de la Guardia Civil había recibido en su despacho a la tal fontanera, y que el comisionista Aldama había sido distinguido con la más alta condecoración del cuerpo. Había pasado que el director general de la Guardia Civil había tenido que dimitir, después de llevar breves meses en el cargo, bajo sospecha de haber sido él quien había filtrado a los miembros de la trama corrupta que estaban siendo investigados. Alegó motivos personales, y esos motivos personales y esas sospechas no impidieron que fuera inmediatamente resituado en un puesto de libre designación en la Embajada de España en Estados Unidos, por cierto, cobrando un dineral. Había pasado también, señor ministro, que el tal Koldo hablaba con una intimidad pasmosa con el director general de la Policía acerca del uso de aviones de Air Europa para traer y llevar inmigrantes ilegales desde Canarias. Había pasado que la trama corrupta había contratado ya en momentos de pandemia la compra de mascarillas por parte de su ministerio. Y había pasado que un comandante de la Guardia Civil era quien colaboraba con esa trama corrupta, proporcionándole los medios telefónicos para que tuvieran conversaciones seguras, y que ese comandante de la Guardia Civil estaba destinado también en un puesto de libre designación por usted, ni más ni menos que en la Embajada de España en Venezuela. Oiga, qué inocente casualidad, en Venezuela.»
Fragmento 6 de 6 de esta intervención.