Marta MadrenasJunts
Diputada
«Llegados a este punto, cuando estaba preparando mi discurso, he recordado una reflexión, que seguro que ustedes también conocen o recordarán, pero es muy pertinente. Es la reflexión que hizo ese pastor luterano alemán que decía: Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio porque yo no era comunista; cuando pusieron en prisión a los socialdemócratas, guardé silencio porque yo no era socialdemócrata; cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, yo tampoco protesté porque no era sindicalista; cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté porque yo no era judío, y cuando me vinieron a buscar a mí, ya no había nadie más que pudiera protestar. Algunas caras que estoy viendo esta última semana de gente derrotada me han recordado las reflexiones de ese pastor alemán. Señor ministro, nada de lo que ha ocurrido estos últimos años en Cataluña y su 'policía patriótica' y las fuerzas de seguridad del Estado, incluida la UCO, es normal. Nada de lo que ha pasado es normal. Nosotros, los independentistas, hemos sufrido y seguimos sufriendo una larga represión, y por eso conocemos perfectamente de qué van la justicia española, la policía española y la prensa patriótica española. Se quisieron castigar las esperanzas de los catalanes con una represión vergonzosa, ilegal y desatada, y sabemos que esa represión tiene padre y madre: PP y PSOE. Mire, usted, señor ministro, y su Gobierno permitieron que se corrompiera hasta la médula el Estado de derecho cuando se metieron en la peor de las perversiones cometidas estos últimos años en España: permitieron que se equiparara el independentismo, una causa legítima política y social, esencialmente pacífica, con el delito de terrorismo. Este plato fue cocinado por el PP, cierto, pero ustedes le pusieron la mesa. Por culpa de esta equiparación, han convertido a miles de ciudadanos, activistas sociales y a los políticos que les daban voz en sus Parlamentos en terroristas potenciales, y eso es lo que ha permitido poder utilizar con cierta apariencia de legalidad unos instrumentos que deberían ser muy excepcionales de una forma tan desatada e ilegítima que ningún Estado democrático del mundo podría soportarlo sin ver destrozada su propia estructura.»
Fragmento 10 de 11 de esta intervención.