Diputada
«Este real decreto es para una juventud valiente, temeraria y dispuesta a todo, incluso a viajar por España en transporte público este verano. Solo un espíritu muy ingenuo o muy optimista e inconsciente se atrevería a ello. Su propuesta de experiencia juvenil no es ver mundo, es ver si llega el tren, si llega entero o si llega con aire acondicionado. Una prueba de esperanza y resistencia, como si se tratara de un deporte de riesgo. Las estaciones se han convertido en salas de espera eternas; son espacios para meditar, para desesperarse, para hacer amigos, también para llorar e, incluso, para tener un golpe de calor. Es ocio juvenil gratuito. Y cuando llega el tren, si es que llega, el calor en el vagón es insoportable. Si algún joven quería vivir una experiencia épica, aquí la tiene: 39 grados dentro de un convoy sin ventilación ni confort ninguno; una sauna sobre raíles, una metáfora del país: mucha velocidad teórica y cero servicio real. Eso sí, el Gobierno insiste en que es una medida de cohesión social. Señor ministro, ¿la cohesión de todos los pasajeros sudando juntos, abrazados por necesidad dentro de un vagón, compartiendo una botella de agua que ya se ha recalentado? Porque esto une mucho, no sabe lo que une a las personas cuando pasan cinco horas en un vagón esperando soluciones. Pero como se han de pasar tantas horas en los andenes esperando, proponemos una medida de mejora: que el ministerio reparta entre los jóvenes cuentos sobre movilidad, como 'Teo nunca llega a su destino' o 'Las tres mellizas sueñan con la infraestructura ferroviaria que se necesita, pero que nunca llega'. (Aplausos). También estaría bien una diana gigante con las caras de los responsables de este desastre. Le aseguro que todos haríamos cola para probarlo.»
Fragmento 5 de 8 de esta intervención.